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Thursday, September 29, 2011

Evan (IV)

CAPITULO ANTERIOR DE "EVAN"

 CAPITULO 4


JANE

La lluvia precipitándose con más fuerza cada vez, restando visibilidad a una noche sin luna.
Recorro nerviosa calles desiertas intentando recordar... Mi corazón late más apresurado con cada nueva esquina que cruzo.
Una intensa punzada de dolor atraviesa mi cabeza en forma de imagen, y otra, y otra más. Me clavo con un grito ahogado en el sitio…Y de repente todo se clarifica, como piezas de puzzle encajando unas con otras a la perfección, recomponiendo una noche espeluznante a la par que increíblemente sensual.
Acaricio mis labios empapados, al igual que mi pelo, mi cara, mi ropa... El frío me cala hasta los huesos mientras las imágenes siguen sucediéndose…

Jadeo turbada al recrear con dramático realismo a una inconsciente Marissa siendo atacada por…dios que eran? Vampiros? Pero qué..? cómo…?

Súbitamente una corriente eléctrica recorre mi cuerpo presintiendo la magnética energía de… ÉL… al final de la manzana…
Alzo la mirada cuando el poderoso rugido de una moto derrapa con una brusca frenada justo frente a mí. Sus ojos de un azul cobalto arrebatador me atraviesan el alma…
Incapaz de moverme o de articular palabra, me limito a contemplarlo embelesada…

Vestido de cuero negro, con la tela apretada a un cuerpo hecho para pecar y su oscura melena empapada, pegada a su nuca.
Se relame los labios salpicados de lluvia, carnosos y absolutamente tentadores, esculpidos en un rostro anguloso casi perfecto..

Trago saliva y un tímido “hola” se escapa de mi boca entreabierta y reseca, me siento un poco estúpida ante la simplicidad de la frase, pero mi mente es incapaz de conjugar nada más complejo.

Descabalga elegantemente la moto acercándose como un depredador al acecho, metro noventa de puro poder deteniéndose a tan solo unos peligrosos centímetros de mi..
Temblando de pies a cabeza me entierro en su pecho aceptando la invitación de sus brazos, que me acercan a él cuando tira suavemente de mi sujetando una de mis muñecas con su mano.

-ssshhhh… susurra con la nariz pegada a mi oído..

- Sikeray -   


Wednesday, September 28, 2011

Evan (III)

 
 CAPITULO 3

Me desvela el insistente timbre del teléfono, que obstinado no cesa en su empeño por taladrarme la 
 cabeza… claudico a la tercera llamada.. Deslizo los dedos por mi pelo, algo enmarañado y me muerdo el labio arqueando las cejas en señal de rendición.

-Mike..- Gruño con voz sombría. Aguanto estoicamente su sermón, merecido? Sí,  probablemente-

-Se puede saber qué has estado haciendo los últimos cuatro dias?, es que te has vuelto loco? Que coño te ha pasado? Creía que te habían capturado, joder!

Aparto el auricular de mi sensible oído entrecerrando mis ojos celestes.

-Mike vas a romperme los tímpanos -le respondo mordaz- he estado liado -murmuro con voz cansada…
La respuesta no le convence, pero se resigna a mi sentencia, con sabia prudencia..

- Buen chico.. mañana te llamo.. -Se despide con un escueto “cuídate”-
-         Mike?- silencio-

- Gracias..

– De nada jefe…

Desnudo, con las negras sabanas arrugadas, pegadas a mi cuerpo empapado en sudor.
Me permito unos minutos mas acostado, envuelto en mi familiar y reconfortante oscuridad, con mi sistema de defensa bloqueando el bombardeo de sensaciones que luchan por aflorar de nuevo en mi mente..
Algo en mi cambió en cuanto sus dulces ojos esmeralda se posaron llorosos sobre los míos por primera vez... y me hicieron perder el control, desatando al monstruo, que con tanto ahínco custodio… una humana venciendo mi humanidad.
Cuatro días… meneo la cabeza sintiéndome poco a poco volviendo a la realidad…mi estomago protesta furioso… necesito una ducha.
Mi instinto percibe el recién consumido crepúsculo.

– Persianas –
 La domótica obedece regalándome un espectáculo de rayos azotando las nubes..
Me deslizo silencioso como siempre al cuarto de baño.

Andares de depredador… un oído capaz de escuchar el aleteo de un buho, fuerza bruta capaz de partir un edificio en dos y una psique que dejaría en ridículo al mismísimo Hawking... pero eso sí... un apetito voraz… en todos los sentidos. Me sonrío irónico a mi mismo por mi disgregación mientras fluye el agua a presión sobre mi cuerpo electrizando mis células felices de retornar a la vida..

Con una reducida toalla enrollada a mis caderas, me preparo un nutrido desayuno que devoro sin casi respirar.

Mi ropa de cuero, mis armas, las llaves de la moto y un portazo.

Mi sensatez divaga entre mis deberes como cazador y mi reciente obsesión por Jane , en un pulso que incluso después de arrancar la BMW sigue sin vencedor.

La velocidad me concentra en la carrera que me lleva casi por instinto a las mismas libertinas calles, mientras las primeras gotas de lluvia salpican el frío asfalto..

El diluvio no propicia la concurrencia y las calles permanecen prácticamente vacías..
Un escalofrío sacude mi cuerpo y mis sentidos me alertan súbitamente de su cautivadora presencia. Freno impulsivamente derrapando la moto con un chirrido, y allí se encuentra ella, mojada de pies a cabeza, bellísima, y absolutamente perpleja cuando sus ojos perturban de nuevo los míos.

Paralizado y con el con el corazón a cien, no puedo mas que mirarla mientras el agua sigue calando en su ropa dibujando unas curvas que mis manos mueren por acariciar.


- Sikeray -  

Tuesday, September 13, 2011

Cazadora de Dragones


Medianoche… La noche es oscura y helada…una brisa que parece proceder del aliento del mismísimo Dios del invierno y las cosas muertas, sopla moviendo suavemente los jirones de niebla y limpiando el negro cielo de los últimos vestigios de la tormenta… Retazos de negras nubes, van pasando frente a la luna, creando fantasmas y sombras en el árido y rocoso terreno…. Silencio… Un silencio de sepulcro… de muerte sin resurrección, cubre el desolado páramo…No hay nada que haga que la mirada se detenga, que el oído se aguce… silencio, sombras, frío …
Rocas, montes derruidos, alguna cueva…esqueletos resecos que le dicen al observador que aquí alguna vez existió vida… que este lugar vio el movimiento de los siglos al abrigo de añosos bosques.
Pero que ahora… solo mas rocas…
Desolación hasta donde llega la mirada…
Hasta el gran lago pareciera ser solo un pozo de brea espesa.
A medida que el cielo se despeja la luna derrama su luz en esa porción de tierra detenida en el tiempo… Asoma su gran disco de plata y envía su luz para descubrir… nada… todo se ve igual… Solo se confirma la ausencia total de colores, de matices… Negro, gris, algún ocasional plata opaco, sin brillo…

De pronto… Un roce de metal contra piedra y un brillo antinatural…
Movimientos en la entrada de la cueva…
Alguien estaba a la espera, cobijándose, una sombra entre sombras… Y se acerca al lago.

Hace horas que mantengo mi posición… estoy acostumbrada a la inmovilidad… al silencio… a acechar sin ser vista…
Está cerca…
Lo siento, lo presiento, lo leo en las lentas ondas de la niebla, lo huelo en el frío aire que cala mis ateridos huesos…
Me levanto lentamente… ahora estoy segura de no ser observada… mi pesada espada roza la roca cuando me enderezo… La luna refleja en mi manchada armadura…
Tengo que llegar al lago.
Necesito limpiar toda esta sangre de mí… necesito lavar la pátina de miseria que me cubre.
Ayer maté a la última hembra…
Oh! Dios! Era tan bella… tan grácil… Toda blanca, azul y azabache… cual si hubiera sido construida directamente de las manos de algún extraño Dios artesano usando solo alabastro y lapislázuli…Tan agotada… Tan vencida…
Lágrimas de pesar, corren por mis manchadas mejillas y las seco de un manotazo…
La Cazadora no se puede permitir tal debilidad… Por mas cansado que se halle su corazón.. Por mas rota que tenga el alma…
Soy La Cazadora…
No puedo sacudirme la imagen… Su tembloroso cuerpo tan viejo como el tiempo mismo, pero aún regio…
Su grácil cuello manchado por el río de rubí que mi espada había desbordado con un casi gentil roce…
Sus ojos cuando me miraron… sus increíbles ojos apagándose… pero fijos en los míos… trenzados en mi mirada en un agarre despiadado… con un final reconocimiento …sus ojos llenos de comprensión y piedad… sí… piedad por mí… por la cazadora… por la que la acechó y acosó a través de las distancias… de los siglos… la que uno a uno diezmó a los de su raza… la que uno por uno asesinó a sus hijos y sus hermanos, a toda su maldecida progenie…
A la que, si los astros estaban de su parte, quizás esta misma noche termine su misión matando al Ultimo…
Al que la había evadido desde el primer día…
Se que él sabe… se que sabe que ya asesiné a su hembra… se que sabe que ya no hay más donde correr… que se acabó… que es lo mejor… que él pretende lo imposible… que esta mezquina raza, predadora y despiadada para la cual este planeta fue reservado, jamás lo entenderá.
Jamás será capaz de ver mas allá de su aspecto.. Ya ha sido demostrado…
Crías sacrificadas por doquier.
La raza diezmada por seres de inferior capacidad y fuerza pero mayores en crueldad y maldad… una raza de verdaderos malditos. De seres inmundos incapaces de sentir piedad alguna…
A lo largo y ancho del mundo he visto a muchos, asesinados de las más crueles y despiadadas maneras. Torturados hasta quebrarlos, apresados, encadenados, mutilados…
Y yo soy la solución piadosa de un Dios Irónico y sádico… Este Dios que me tomó de lo que era y me puso en esta piel…
Que me encomendó encontrarlos a todos y cada uno y darles piadosa muerte… Enviarlos a donde tienen que estar… Reunirlos de nuevo con las estrellas, en las alturas insondables…
Donde solo sean alcanzados por la mirada… por la leyenda…

Yo soy la Cazadora… la muerte piadosa y silenciosa y esta noche mi misión termina… termina mi dolor… termina mi cansancio…

Llego hasta la orilla del lago… una a una, me despojo de las piezas de esta armadura que visto desde que recuerdo…
A medida que me voy descubriendo, el frío aire me acaricia la piel… esta piel que me fue prestada…
Tranquila, le digo a mi anfitriona… ya falta poco…
La caricia de la brisa va despertando sensaciones… me saca del entumecimiento en el que vivo… mis nervios se agitan en la superficie blanca y sin mácula que me cubre… extiendo mis brazos, mis dedos, y los observo como si los viera por primera vez… son finos y gráciles… parecieran inadecuados para empuñar la enorme espada que me acompaña… para regar muerte y extinción con unas cuantas flexiones de estos delicados músculos que cubren este delicado esqueleto…
Miro mis dedos… largos, elegantes… de suave toque…
Bajo la mirada… mi cuerpo entero refulge cual plata bruñida a la luz de la madre ancestral…
Mis pechos, turgentes y perfectos, con sus puntas rosadas contraídas por la helada caricia de la brisa… pechos que jamás han sido tocados por una áspera mano masculina... que no han sido adorados en todo su esplendor, que ningún toque jamás sonrojo ni sobresalto… mi vientre…
paso mi mano suavemente por él…
Un vientre creado para crear, pero que nunca acunó ninguna vida en su interior… un vientre tan yermo como el páramo en el que estoy parada… mis piernas… columnas perfectas de alabastro… mi centro… cubierto de suave vello dorado… apenas visible… ese centro que tendría que haber albergado la dura vara de un macho, que tendría que haber vibrado y corcoveado al ritmo de los empujes de fuertes caderas, insuflando en mi interior esa magia que crea vida…
Mis caderas… con la amplitud apropiada…
Sacudo la cabeza…
Todo ello inútil… desolado y árido…
Solo me ha acompañado la soledad y la sangre…
Soy la Cazadora… no una mujer… una creación asesina, despiadada, inamovible… imparable… una perfecta maquina de muerte… no una dadora de vida…
Me voy adentrando en el agua helada… Bien…Me limpiara, me purificara para lo que se acerca… calmará mis ansias… ansias que ya no valen… para las cuales ya es tarde… Tengo una misión… y hoy se completa…
El agua me llega hasta el pecho ya… echo mi cabeza hacia atrás y mojo mis largos cabellos. Son casi blancos… y bajo esta luna brillan como hebras de plata...
Lo llevo largo hasta debajo de mis glúteos… no por nada en especial… solo nunca tuve interés en hacer nada con el… solo lo deje crecer…
Mi tierna carne se eriza con el contacto íntimo y frío del agua… veo el reflejo de mi rostro frente a mi…
Me construyeron Blanca y gris… respetaron mis colores anteriores… mis ojos son del color del letal acero que empuño…
Mi piel y mis cabellos, cálida plata…
Roja por dentro … como todos… Y mi delicada piel está surcada de cicatrices… por los lugares por los cuales ese rojo trató de fluir fuera de mi… de interrumpir mi misión… De vulnerar la única forma digna y piadosa de partir de aquí, para aquellos que una vez fueron mi raza…
Me lavo, frotando fuertemente, la sangre de ella… la dejo en el agua… que se mezcle y se purifiquen mutuamente... la lavo de mi y la vuelvo a llorar… mis lagrimas ahora mezcladas con el agua y su sangre…
Bebo un trago antes de que se diluya del todo.
La llevaré dentro mío cuando todo termine… como debe ser… para partir los tres unidos otra vez… me hundo en el agua y me dejo ir… descansando mi mente y mis miembros en su gélido abrazo… abro los ojos y veo la luna ondeando sobre mi… bañándome en su luz… me hundo lentamente… mis manos acariciando la tersa liquidez que me rodea… la siento deslizarse entre mis dedos…ya no hay lagrimas ni sangre… solo agua transparente y silenciosa… Y si todo terminara ahora… No lo podré soportar… mi corazón estallará en llamas de agonía en el mismo momento en que lo enfrente… mi visión se empieza a nublar… imágenes surcan mi mente… imágenes de crueldad, de seres portentosos y regios, quebrados, encadenados, torturados por esa infame raza invasora…
Con un agónico y silencioso alarido que me desgarra el pecho me impulso férreamente hacia la superficie… hacia el aire y la agonía de la misión por completar…
Soy nuevamente La Cazadora…
La matadora…
La letal sombra que aniquilo a toda una raza…
La que lleva cientos de años sobre esta tierra sembrando el miedo a las sombras y la muerte piadosa….
Llego hasta la orilla y comienzo lenta pero firmemente a cubrir este frágil cuerpo por última vez.
Lo hago con la solemnidad de un rito cumplido miles de veces… Las miles de veces que empuñé mi espada y segué vidas… Las miles de veces que me bañe en esa sangre adorada y poderosa… Las miles de veces que con cada corte, cada muerte, me di muerte a mi misma…

Ya casi, pienso…

Él está escondido en la profundidad de una cueva no muy lejos de la Cazadora… Él huele la determinación de ella.. La tiene incorporada a su ser… La siente cuando se mueve, cuando sufre, cuando mata… Agoniza cada vez que la siente…
El sabe que ella mató a su hembra…. Y sabe lo que eso significa…
El trató de evitarlo, de convencerla de quedarse a su lado, de seguir escondiéndose… pero no… Ella estaba cansada de huir… ella sentía que era tiempo, que ya había sido suficiente… que ya era momento de rendirse y volver al lugar al que sí pertenecían… al lugar donde solo los mitos habitan…
Que finalmente se había dado cuenta de que esta raza depravada no valía ni merecía el sacrificio de ellos por encaminarlos ,por enseñarles, por advertirles que si seguía igual ocasionarían su propia destrucción…
Ella partió con una última mirada hacia él… le entregó todo su infinito amor en una sola y larga mirada… rozó su cuello con su cabeza y partió… él la sintió morir poco después… el sintió el tajo fatal… él la vio a través de sus ojos… vio su terrible dolor y agonía… rugió y rugió de dolor y de rabia… Por que tanto dolor… por que tanto castigo… su enorme sabiduría no lo ayudaba a entender los cínicos designios de estos dioses dementes… no alcanzaba para comprender el enfermizo juego en el que fueron piezas principales…
Rugió y rugió, se desgarro la garganta… golpeo enloquecido las rocas que lo rodeaban que lo aprisionaban… se debatió en la agonía mas profunda y por fin, tomo la decisión… Hoy terminaría todo…
Hoy era el fin…
Hoy acabaría con la persecución y vengaría a su raza…

El la siente acercarse… comienza a salir de la caverna a medida que ella, todo determinación y plata refulgente se acerca… se sienten mutuamente… sus mentes se tocan se enredan en una vals mortal y despiadado… Están danzando al ritmo de su muerte.
Están trabados en combate aun antes de encontrarse..
Se acercan cada vez mas… ya falta poco…
Se huelen…
Se presienten..
Cada uno quiere adelantar al otro en este ataque feroz…

Cada vez más rápido… garras raspando la piedra… talones golpeando la dura roca…

Es una carrera letal…

Ella frena su carrera… todo su cuerpo vibra… su respiración se acompasa su postura casi felina en la tensión previa al ataque… balancea su enorme espada sobre su cabeza aferrándola con ambas manos para que el golpe sea mas mortal…
la luna se refleja en el filo lanzando frías luces de muerte a su alrededor…
El frena su carrera… Agazapado… terrible pesadilla en negro azabache y rojo… pero no de sangre… de furia… sus ojos entrecerrados brillan con todos los fuegos del infierno…las garras prontas…
la cola repleta amenazantes de púas moviéndose lenta, cadenciosamente..
Brillos mortales se desprenden de sus púas negras…
Sus dientes afiladas dagas, prontas a morder y desgarrar…
Se miran fijamente… la fría plata de la mirada de la cazadora en el rojo ardiente de la mirada de el… se miden…. Se evalúan… comienzan a moverse en círculos, uno frente al otro tratando de aventajar a posición…
el la huele…
aspira sus emociones el olor a determinación mortal que emana de ella…
y algo mas…
qué es… ?
Ella huele el aire… huele su furia, su terrible y rasgante dolor… su horror por la raza extinta, por la muerte de su hembra…
huele su enorme desolación por ser el ultimo… el ultimo portento… el ultimo de su raza…
El Ultimo Dragón…

Él la mira sin poder apartar su mirada ni un segundo… se siente perdido en esa mirada… pensó hallar odio en ella…
Lo que ve lo hace dudar… lo confunde… Que está pasando…? Porque cree reconocer aquella mirada.. ?
Ella lo mira… posa sus ojos en su enormidad y fiereza…en las duras escamas brillantes que lo cubren, en la majestad y belleza de su rostro… en la dignidad de su pose… el no la reconoce, no como la reconoció ella, la hembra.
El mágico baile de muerte continua a la luz de la luna…
Él atisba sus cabellos saliendo por detrás del yelmo… sus ojos… sus colores…
Como puede ser que vea algo familiar en esta humana?
En la cazadora de Dragones?
En un miembro de esa raza maldita y destructiva que tanto dolor y muerte provoco en su raza…
Él no sabe… Ella… La única que podía dar muerte piadosa a los demás miembros de su raza… la única con tanto amor a los suyos como para llevar a cabo semejante tarea… destruyéndose a si misma en el camino… La única que se podía sacrificar de ese modo… por eso los dioses la tomaron y la mudaron a esta piel humana… para que pudiera llevar hasta el final esta horrorosa tarea… Dar piadosa muerte a todo y cada uno de sus hermanos y hermanas, a cada uno de sus amigos… y moverse en medio de la maldita humanidad sin ser detenida ni retrasada… Trescientos años le llevó… trescientos años de pisotear su alma y calcinar su corazón en las llamas de la culpa y el dolor… trescientos años de pena inconmensurable que se terminan hoy…
Ve algo de reconocimento en los ojos de él… algo de incredulidad…

Se deciden a la vez… el relaja en algo su postura… retrae sus dientes… ella baja su espada… deja su postura agazapada…
Ella se quita el yelmo…
Ella da un paso…
Se esta acercando a él con la mano extendida…
El retrocede…
Ella habla…
Padre… dice con voz estrangulada…
Padre, soy yo…
Padre debo matarte, pero antes debo pedirte algo…

El la reconoce… el comprende por fin el dolor que le llego de su hembra… el comprende por que ella se entrego a la muerte mansamente… el por qué de la extraña conexión que lo unía a esta criatura…
El dolor lo llena. Lo asola completamente, lo paraliza…
Él la escucha…
Ella le dice…
El la mira…
De a poco la comprensión, la pena, el amor apagan el fuego en sus ojos…
Se vuelven casi blancos… refulgentes de plata…
La mira… es la criatura que tanto recuerda,… que el y su hembra tanto amaron…
Es la combinación de los dos… negro medianoche y blancura lunar…
Ella es la suma de los dos… iba a ser una reina para los suyos… en su cabeza pendía ya en el momento de su creación el ser la guía y destino de todos los dragones en la tierra…
El día que ella desapareció el mundo se tornó negro… sin luz… y los humanos comenzaron a diezmarlos…
Y surgió la Cazadora… La despiadada… la que de una manera terrible, si terminó siendo el destino de su raza…
El continúa escuchándola…

Ella termina de hablar…
El baja la cabeza y se inclina ante ella… él la mira… Las lagrimas corren por su cara descontroladas abundantes… rojas… ella… tan seca de llorar, está llorando sangre por él… por lo que esta por hacer…
Ella se desprende de su armadura y empuña su espada…
Ella articula silenciosamente… “Adiós padre mío”, “cumple tu promesa”.
Y la espada baja…
El siente el golpe… se deja ir… la ve arrojar la espada y correr a él… arrojarse sobre su escamoso cuello y aferrarlo desesperadamente…
En un último estertor le dice “vamos, ya es hora” Y alzando su poderosa cola la deja caer sobre la espalda desnuda de la cazadora atravesándole el corazón…
El la envuelve apretadamente con un ultimo movimiento de su cuerpo y mientras la mirada de ella queda fija en esa gran luna de plata, en el firmamento, le dice…
“Es hora, ya terminó, ella nos espera…”
- Morgana le Faux -
 

Thursday, September 8, 2011

Medianoche, la Hora de la Bruja


Son casi las doce de la noche….

Vestida con una etérea túnica blanca, suelta y larga…
Con una guirnalda de azahares en mi cabello oscuro y algunas joyas de plata que parecen refulgir en contra la blancura de mi piel y tintinean suavemente al ritmo de mis movimientos…
Camino lentamente por el piso de la terraza, llego al borde, donde comienza el césped y mis pies desnudos se humedecen con el fresco rocío de la noche…
La brisa juega con mi cabello y la leve tela de mi vestido de mueve contra mi cuerpo cual si fueran jirones de niebla…

Aromas en el aire… olor a humedad, a vegetación.. a piedra húmeda... flores… Paladeo el aire cual si fuera un exótico elixir de vida…

Cruzo el fino cauce de agua, pero sopor el pequeño puente.. esta noche no… entro en el agua… acaricia suavemente mis pies, mis tobillos, mis muslos sienten la sensual y fresca intimidad de su roce…dejo que la punta de mis dedos acaricie su superficie en retribución…
Salgo al otro lado y me interno entre los magníficos y añosos árboles…
Robles, Sauces, Nogales, Acebos… árboles sagrados… Sus ramas gentilmente bajan a mi altura y acarician mi rostro, mis hombros a medida que avanzo… Estoy en absoluta comunión con ellos.
Extendiendo una fragante alfombra en el camino, la lavanda, la milenrama, la retama y el tomillo van perfumando mis pies...
Extiendo mis manos y a medida que voy tocando las hojas, la pequeñas rosas silvestres. Las madreselvas y los jazmines se encienden… comienzan a brillar como si fueran pequeñas y perfumadas luciérnagas vegetales…

Llego al claro…

Comienzo a dibujar un enorme circulo en el suave suelo con mi vara de muérdago, que mantendrá a mi familia errante calidamente atraídos a este circulo de protección…
Mientras lo hago mis labios desgranan el hechizo que han cantado generaciones y generaciones de brujas antes que yo…
“En este círculo de amor,
en este círculo de paz…
En este circulo de amor,
siento la unidad…
la dulce seguridad del amor,
siento la unidad
la dulce seguridad del amor"

La luna esta alta y llena y su luz acaricia mi piel como lo harán las manos de un amante..
leve…
dulcemente...
despertando mis poros y nervios a su paso…
alzo la cara hacia ella…
levanto mis brazos y comienzo a mecer mi cuerpo suave…
lentamente…
mis pechos se despiertan al roce suave de la tela…
mi vientre se estremece de ansias,
mis caderas con su movimiento parecieran acunar esa pequeña fuente de vida que se anida sobre ellas…
Comienzo a cantar suavemente… un murmullo que apenas mueve el aire que sale con mi aliento…
arqueo mi espalda…
me abro a las sensaciones,
dejo que me posean , que me cubran como pequeños besos de una boca reverente…
Los árboles se mecen conmigo, las flores resplandecen, el claro se llena de pequeñas criaturas que vuelan caminan y se arrastran...
a mi llamada los blancos búhos se posan en las ramas y montan silenciosa guardia…
hadas de colores engalanan las enredaderas con blancas flores nocturnas.
Y pequeños duendes prenden brillantes faroles que cuelgan de las ramas de los árboles que rodean el claro…

Mi cántico continua…
Hoy Sagrada Madre Luna soy tuya…
Toma mi femineidad y úsala para sentir lo que siente una mujer amada, saciada… Baja esta noche y usa mi piel para vibrar como vibramos todas tus hijas sagrada madre…
Hoy es tu noche…
Se empieza a alzar mi voz, clara y pura en un cántico ancestral que me corre por las venas como plata líquida,… Dándole claridad a mi voz…
Atrayendo con ella a mis hermanos y hermanas de la noche, a las de este mundo y a las del otro, el que no se ve, el que solo se presiente…
Hay bebidas y comida..
Siéntense Hermanos, Hermanas,
únanse a este aquelarre de luna llena…
Dejen que ella sienta a través de ustedes,
dancen
canten
sientan el pasto en sus pies y el aire leve en sus pieles y cabellos…
dejen que la gran madre los ame… y compartamos este banquete en su honor… Sed Bienvenidos al mundo mágico de lo intangible…
Mi canto se eleva claro y delicado como los mismos rayos de la luna…
Y así continuo sus versos…

"Aire yo soy , fuego yo soy
Agua tierra y espíritu soy

Brisa yo soy, noche yo soy
Arroyo y montaña y diosa soy

Doncella yo soy madre yo soy
Hermana y amante y anciana soy

Dios yo soy, macho yo soy
Niño en sus brazos yo soy

Dios yo soy macho yo soy
El astado que fue sacrificado soy

Ramera yo soy, santa yo soy
Hija y amante. La luna soy

Diosa yo soy, mujer yo soy
Doncella de la luna soy

Diosa yo soy, mujer yo soy
Anciana de tiempo y espíritu soy

En el silencio de la noche
En el silencio de la luna
Yo estoy haciendo mis sueños realidad

En el silencio de la noche
En el silencio de la luna
Estoy haciéndome real"
 - Morgana le Faux -

Friday, August 19, 2011

Evan (II)

CAPITULO ANTERIOR DE "EVAN"

CAPITULO 2

A nuestro alrededor el tiempo se vuelve silencio, no existe nada para mí excepto el desbocado latido de su corazón, y mi codicioso anhelo por tenerla desnuda bajo mi cuerpo, rendida a mi embrujo mientras acoge con frenesí cada una de mis embestidas…

Una palabra martillea insistente en mi cerebro diluyendo bruscamente tan encendida visión... DEBER…
Abro los ojos al tiempo que me separo lentamente de la cárcel de sus labios...
- Será mejor que te lleve al hospital... Marissa te necesita -Ella asiente, con la mirada añorada y la energía de nuestros besos crepitando todavía en el aire...-

Conduzco en silencio avenida abajo hacia el St. Francis, el ceño fruncido y la frustración de mi condena desgarrándome por dentro...

Aparco en la entrada de urgencias y sin siquiera atreverme a mirarla le susurro un “nunca te olvidaré”... Noto su dubitativa mirada clavada en mí... murmura un “gracias por todo” al salir y, renunciando a la idea de permitir que su mente me recuerde mañana, borro todo rastro de mi en su memoria... antes que acabe un -¿volveré a verte?- Arranco a toda prisa alejándome del lugar.. Dejándola meneando la cabeza sin conseguir entender cómo ha llegado allí... La veo desaparecer turbada a por su amiga...

Mis brazos se tensan aferrando el volante hasta enrojecer mis nudillos, la ira corre por mis venas como lava encendiéndome, provocándome, atormentándome... voy a despedazar a ese jodido chupasangre.. Sus alaridos se oirán de aquí al infierno, suplicará su muerte desesperado y no se la voy a dar... no hasta que el recuerdo de Jane haya desaparecido...

Llego a la granja en 15 min., todo un record teniendo en cuenta que está a 45... Pero a alguien que no puede morir, que le importa tener un puto accidente... dios sabe que ya lo he intentado...

Jane, Jane, Jane... ¿pero qué coño me pasa? Mañana seguiré aquí y ella vivirá su vida humana sin saber siquiera que existo...

Cierro de un portazo dirigiéndome furibundo al sótano... encadenado y amordazado, sus ojos sin vida me miran alarmados...
-no tendré piedad de ti- le gruño mientras me acerco lentamente...

Me abandono a mis sentidos permitiendo que por una vez la bestia que hay en mí tome el control, con la macabra esperanza que su dolor mitigue el mío y que quizás mañana me sienta mejor sabiendo que otro de estos monstruos ha desaparecido del mapa... ni siquiera quiero sacarle información.. Tan solo matarlo y, poder así arrancar de mí el recuerdo de sus ojos esmeralda y el dulce sabor de su boca grabado en mi corazón.

Obviamente no es así... Grita como un cerdo cuando las tenazas aprisionan sus colmillos...
 – te gustó su sabor??Te gustó?? -Su boca se llena de sangre... – un lechal aguanta mas estoico que tu, engendro!- Le escupo despectivo.

Le desato... pero aunque pudiera defenderse, el final ya está escrito esta noche... una lucha desigual que acaba con mi bota estrellándose contra su cráneo y su torturado cuerpo golpeando el suelo... Lo miro unos instantes antes de clavarle una daga en el corazón... no soy mejor que él... se consume en un estallido de luz al tiempo que se consume también mi ira... aun sin hallar la paz que esperaba recuperar con su muerte..

Se intuye el púrpura naciendo en el horizonte y un hormigueo recorre mi cuerpo a modo de advertencia.... suspiro... sigo siendo un esclavo... perpetuo siervo de la oscuridad... Si como en las leyendas pudiera ofrecerle mi vida al sol, moriría ahora mismo exponiéndome a él... pero estoy maldito hasta para eso...

Un escalofrió recorre mi cuerpo al recordar el indescriptible dolor de los rayos sobre mi piel, quemándome por dentro como ácido… Una hora soporté la tortura, hasta que la cruda realidad me hizo retroceder hacia las sombras. El sol no puede matarme…un puto vampiro estalla en 10 segundos… pero yo no puedo morir... debería alegrarme?.. Qué ironía…
Me largo del mugriento sitio añorando mi cama...con la mente exhausta y el nombre de Jane escapándose de mis labios en un murmullo.

- “Jane…” -me tiro en la cama sin siquiera desvestirme...-  El sueño me lleva...


- Sikeray - 

Friday, July 1, 2011

Evan (I)

CAPÍTULO 1

El sol ha caído... y la oscuridad cubre como un velo cada rincón de la ciudad... Doy la bienvenida a un nuevo y solitario anochecer con una taza de café en la mano y muchas ganas de descargar adrenalina... necesito acción... –suspiro- hace semanas que no pasa absolutamente nada... qué aburrida es la vida de un cazador, cuando la única distracción es una pantalla de 75 pulgadas y un montón de DVD que he visto ya 50 veces... miro el ordenador, ninguna ventanita parpadea en el Chat… nadie conectado... no se que echo mas de menos... si una buena pelea de vampiros o echar un buen polvo... me visto, cojo mis armas y me largo deseoso de abrazar todo cuanto la noche pueda ofrecerme…

Recorro silencioso las frías calles de la ciudad, un hambriento depredador al acecho de todavía no se qué tipo de víctimas... solícitas humanas de piel cálida o depravadas chupasangre de mirada vacía… me sonrío irónico y morboso, sea como sea la noche se intuye inquieta…

Me adentro en la zona de los locales de copas, discos de moda y antros de mala muerte... en las colas se respira alcohol, drogas sintéticas varias y humeantes cigarrillos adulterados… me paseo por las manzanas observando, escrutando las sombras, aguzando mi oído...

De pronto un chillido, inmediatamente ahogado, roces de cuerpos, forcejeos, sollozos... luego nada... siniestro el silencio que acompaña el momento... Olfateo el aire impregnado de sangre... desenfundo mis armas al tiempo que me precipito veloz calle arriba...

Vampiros... uno de ellos inmovilizando por detrás el cuerpo inconsciente de una mujer...con la mirada corrompida y euforica, brillante de ansiedad, observando a su compañera encima de su cuello... bebiendo desesperada...
Un disparo mío estalla en su cabeza y cae al suelo pesadamente, un último gorgoteo escapa de su garganta, en un absurdo intento por avisar a su pareja. El filo de uno de mis cuchillos se ensarta profundo en su pecho y un estallido de luz ilumina la dantesca escena…

El vampiro suelta a la chiquilla, y su cuerpo inerte golpea el asfalto... Me insulta gritando a viva voz lleno de ira, pero cada poro de su piel rezuma miedo y duda antes de que decida si atacarme o huir le destrozo las rodillas a balazos, mientras en una rápida carrera me planto por fin en el sitio.. -luego me ocuparé de ti-  le escupo arrogante mientras brama de dolor tirado en la acera…

Acorralada contra la pared otra joven, veinti pocos, absolutamente paralizada de terror, un pómulo hinchado, un corte en el labio y lagrimas tintadas de rimel escurriéndose desbocadas por sus mejillas...
Respira agitadamente, y su mirada, aterrada, tan humana, denota el desconcierto y el dolor de tan espeluznante momento.
Es preciosa, su melena castaña, cubre con una enmarañada cascada sus hombros desnudos, sus ropas rasgadas por la lucha, su piel, clara y tersa, estremeciéndose incontrolada... me perdería en la suavidad de su tacto...
Sus ojos, de un fascinante verde esmeralda, se encuentran con los míos suplicantes...Tan solo es capaz de articular un  -mi amiga- con voz temblorosa... Asiento con la cabeza sonriendo levemente.
- ¿Cómo se llama?
- Marisa -me responde sin poder contener el llanto.

La pobre Marisa yace en el suelo más muerta que viva,..
- Todavía respira - Digo mientras exhalo agradecido alzando expresivamente la mirada al cielo...
Le tomo el pulso, tan solo un débil tintineo, el latido es casi imperceptible…
- Ha perdido mucha sangre. - Digo en voz alta sin levantar la mirada de la muchacha.
Como respuesta un nuevo sollozo… Desgarro mi camiseta y vendo con cuidado la herida abierta de su cuello, esa maldita le ha causado un buen estropicio en la garganta… Me encargo de borrarle la memoria… Cuando despierte, si es que lo hace, no tendrá más que un horrible dolor de cabeza.

Saco el teléfono y mientras marco el número de Mike le pregunto a la humana su nombre…
- Jane, me llamo Jane.- me responde tímida...
- Tranquila Jane, sobrevivirá… pero no llores más por favor...
Pongo a mi fiel asistente al corriente de la situación y aparece a los 5 min al volante del Range negro...
Un escueto saludo y mientras acomoda a Marisa en el asiento trasero, yo meto sin miramientos al agónico chupasangre en el maletero
– Cállate! tus berridos me dan dolor de cabeza! -digo encerrándole con llave- ya sabes lo que hay que hacer con él...-asiente- Vete al hospital Sant Francis, ya! -le ordeno-

Una asustada Jane se precipita decidida hacia el coche y la detengo abrazándola suave pero firmemente por detrás. Cuando empieza a gritar, le susurro dulce y tranquilizador al oído con mi nariz pegada a su nuca… -Se pondrá bien Jane, tranquila, ssshhhh...- Silencia su voz con un gemido, aflojando su cuerpo y rindiéndose inconsciente a mi poder… su femenino y embriagador aroma, colma de deseo cada célula de mi ser y cierro los ojos para saciarme de tan erótico momento.

Lo más peligroso de mi poder, es ser consciente de lo eficaz que resulta cuando se trata de doblegar la voluntad de las personas. Antes… cuando era humano…cuando el latir de mi corazón todavía retumbaba en mi pecho al emocionarse… cuando mi alma aún sustentaba mi cordura...antes...todo era mas fácil…-suspiro- si fuera posible… pero quien iba a amarme tanto como para salvarme de esta vacía inmortalidad..

El tentador cuerpo de Jane, removiéndose turbada entre mis brazos, me aleja al instante de mis cavilaciones. La volteo delicadamente y nos sentamos en el rellano de un viejo portal…
- Deja que te vea un momento ese corte, por favor.- le digo suavemente apartando un ondulado mechón de su mejilla... Ella se relame los labios nerviosa y baja la mirada para no afrontar la mía…-  No voy ha hacerte daño Jane, lo prometo, ya ha pasado todo…

- ¿Quién eres? - Me pregunta con sus ojos, arrebatadores, clavados en los míos... no puedo responder... - ¿Qué son?, ¿qué le estaban haciendo a Marisa?, ¿a dónde te lo has llevado?
Cuántos interrogantes a los que no puedo responder... por su bien... –suspiro- y ahora el que baja la mirada por unos momentos soy yo... me sorprende como esta mujer es capaz de perturbarme de este modo… hay algo en ella que… siento la imperiosa necesidad de protegerla, de consolarla, de abrazarla… de darle respuestas que no puedo pronunciar... debo borrarle la memoria… y desaparecer... de su vida... para siempre… ¿Pero a qué estoy esperando?

La miro de nuevo y no es miedo lo que descubro, ni dolor, ni ira. No refleja más que pasión y anhelo. Irradia deseo por cada poro de su piel... y yo no puedo luchar contra eso... no con ella... Pues en mi cuerpo se alojan las mismas ansias que en el suyo…

Tomo en un dulce arrebato su rostro entre mis manos y la beso con pasión. Una y otra vez, saboreando su boca, explorando cada rincón de ella. Jane gime sobre mis labios devolviendo las caricias de mi lengua con exquisitos besos... lentos, intensos, capaces de robarme la razón, la poca que me queda, después de 200 años de solitaria existencia...

- Sikeray -

Thursday, June 23, 2011

Las Colinas de la Muerte


Las colinas de la muerte, más allá de donde se esconden los hombres, más allá de donde se esconde el sol para dejar paso a la luna, más allá de la vida, más allá del silencio de los campos santos. Lugar de escalofrío de penumbra y tristeza, de maldiciones y lamentos de oscuridad eterna.

Sombras que se deslizan entre la maleza, gritos de ira y de destreza llenan las colinas de la muerte de sangre que fue derramada en una batalla sangrienta.

Sus rocas olvidadas te miran y te acechan rostros de los olvidados que entre piedra y piedra esculpida observan, ellos caídos… ya muertos, gritan en pena, que fueron pasto del acero y dieron todo por su tierra.

El aire que se respira es muerte, sangre, dolor y caos, la agonía de estar derrotados bajo un poder mayor. Fueron guerreros que dieron hasta su último aliento, hombres con honor que lucharon cuerpo a cuerpo.

Lago rubí, rojo fuego…creado de la lucha más enfurecida, ahora es solo un dique seco, pocos restos quedan de aquel día oscuro en que la sangre tiño de rojo la luna y dio paso al mundo oscuro.

Las colinas de la muerte, tabú entre mortales que recordar no quieren, ya que su lugar es símbolo de horror, de misterio y leyenda que arde en temblor cuando el día duerme.

En ocasiones el aire acerca un sonido celestial, de alguna parte del este, es un hermoso y triste cantar, de alguien que un día prometió volver con vida de un siniestro lugar, llamado las colinas de la muerte.

Kurgan

Thursday, April 28, 2011

Lo que el Bosque Esconde

Tan solo diez minutos de la media noche y despertó en mitad de la nada. Tan solo el olor a hierba mojada, o el de los pinos encinas y abetos que le rodeaban. Y su única compañía, el frío invierno… su mayor enemigo.

Medio mareado consigue ponerse en pie, pero su primer intento solo vale para quedarse sentado, un logro para el estado tan lamentable en el que se encuentra, así que mientras tanto, intenta de alguna forma pensar que lo mejor que puede hacer es esperar a que se le pasa el aturdimiento e intentar saber como ha llegado hasta allí.

Echa una mirada a su alrededor entre fuertes dolores de cabeza y cervicales echando una mano sobre su cuello, el cual no podía ni mantenerse rígido. Encuentra una botella de Jack Daniel’s vacía. Ahora al menos sabe a que se debe su fuerte dolor de cabeza.

El olor del bosque se aleja y su olfato y su garganta emanan un olor a alcohol que le hace tener arcadas provocándole un dolor muy fuerte en su cabeza que le hace gritar mientras cae de espaldas a cielo abierto.

Cierra los ojos y cae semidormido durante unos minutos, sintiendo un fuerte martilleo en su sien, causado por los latidos de su corazón. Ese momento es casi placentero en comparación a los vividos instantes antes.

Pasado un breve espacio de tiempo, se levanta muy lentamente sin movimientos bruscos hasta quedarse completamente de pie y aunque mareado y aturdido, consigue dar algunos pasos hacía una luz borrosa que se ve al final de los árboles.

Es un gran esfuerzo el que realiza y necesita tomar algo de aliento para continuar. Echa mano de sus bolsillos en busca de un pitillo, pero un pinchazo en la cabeza le recuerda que no esta en condiciones de dar ni una sola calada.

Tras un minuto de descanso continua su camino como puede, intentando mantener sus pasos lo más rectos y firmes posibles. Lo único que su mente es capaz de pensar es que en cuanto llegue a esa luz, es muy posible que sea capaz de saber donde se encuentra y pueda emprender el camino a casa.

Una ducha bien caliente y un descanso en una cama durante unas horas, sentir su cuerpo masacrado entre sabanas y mantas que le den la medicina que necesita y levantarse por la mañana con mejor aspecto. Quizás entonces logre comprender como llego hasta ese bosque en tan lamentable estado.

Hace otra parada a pocos metros del campo abierto y con la visión borrosa comienza a discernir más de un luz y algunas voces lejanas, como si de una discusión entre personas se tratase.

Con suerte el camino a casa podrá ser más rápido, si tienen algún vehiculo para llevarle. Pero antes de que acabe de imaginar todo eso, una masa pesada cae encima de el y una voz desconocida grita – He encontrado a alguien!!! Rápido, venid aquí!! –

El apenas puede moverse y aunque pregunta, que es lo que ocurre? Ni al extraño atacante ni al resto de personas que se aproximan, parece importarles mucho contestarle.

- Vamos ponedle las esposas- Comenta uno de los hombres que estaban sobre el. Y esposado siente como le levantan con violencia, enfocando su maltrecho rostro ensangrentado con varias linternas de una fuerte intensidad.

Poco a poco comienza a ver mejor mientras camina casi arrastrado por los hombres que le llevan a unos vehículos que se ven en el camino, entre ramas y arbustos frondosos.

Finalmente llegan al camino y su cara es todo un poema cuando ve sobre los techos de aquellos vehículos sirenas azules y el nombre de “POLICIA” en la puerta, e impacta con su cuerpo sobre el frío metal de su carrocería, mientras aquellos agentes murmuran entre ellos.

Le dan la vuelta y le dejan apoyado sobre el coche policial. Un agente se queda a dos metros de el vigilándole, mientras el resto se movilizan una vez más hacía los árboles de donde lo habían sacado.

Medio aturdido aún por todo aquel momento, miró hacía los lados, pudiendo contar hasta cinco coches policiales y una ambulancia. Miró hacía la posición del agente que tenía delante custodiándole y le pregunto: Qué ha ocurrido? No recuerdo nada… Qué ha pasado? Porque me han puesto unas esposas?

El agente lo único que hizo fue mirarle y poniendo un dedo en la boca le mando callar en silencio.

Al poco rato vio como llevaban un cuerpo tumbado en una camilla hacía la ambulancia, su cuerpo se estremeció y el frío congeló sus músculos. Enseguida comprendió que algo había ocurrido y que el tenía todos los números de ser el culpable, aun sin recordar nada de lo ocurrido.

Un agente bien vestido ordenó que le llevasen hasta el cadáver. Aterrorizado y sujetado de ambos brazos fue llevado hasta la ambulancia. Una vez allí, notó las miradas que lo sentenciaban como culpable de lo ocurrido.

El medico forense allí presente levantaba la sabana ensangrentada que cubría el cuerpo de una mujer joven. Los ojos abiertos y desencajados. El cuerpo acuchillado en su mayor número en el abdomen.

Una mujer con la que el había compartido los últimos seis meses, yacía asesinada ante sus ojos en aquel lugar. Y él había sido encontrado muy cerca de la fallecida.

-Lleváosla- Dijo el agente y mientras le leían sus derechos, aquel hombre congelado por el momento, miro fijamente la funda de uno de los agentes y sin pensarlo dos veces, le quito el arma y con un grito de ira, se apunto directamente a la boca, volándose la cabeza y cayendo al suelo muerto, rodeado de policías... y silencio.


Kurgan

Thursday, April 14, 2011

Sádica Ira


La noche hizo gala se de su presencia, mientras acababa de rebanarle el cuello a otro hijo bastardo de Kranc, la sangre salía muy fluida y a la luz de la luna su brillo incesante, hacía aun más bello aquel cadáver mutilado.

Camino entre cuerpos destrozados en el campo de batalla, veo algunos que aun intentan moverse malheridos entre vísceras y sangre. Y eso aun me llena más de ira y levanto mi hacha descuartizándolos como si fuera un suculento banquete.

El olor a podrido, el rojo rubí que tiñe los cuerpos de destrucción en las colinas de la muerte. Y un guerrero bastardo de Kranc que intenta levantarse, dejo caer mi hacha y camino con la mirada perdida en su miserable escultura hasta atravesarle su mísero corazón con mi espada. El crujido de sus costillas al quebrarse y sus ojos desorbitados… qué paz ahora que yaces mal nacido, no intentes gritar. Acaso no ves que las almas muertas no pueden ayudarte? Entonces si no ves porque abres tanto los ojos? Acaso quieres ver a Dios? Cae sucio bastardo que si alguna vez tu corazón robaron, el culpable fui yo.

Allí deje su pecho rajado y me lleve conmigo su corazón aun caliente entre mis manos, quizás su dulce esposa quiera guardarlo para el recuerdo.
Recogida mi hacha, camino sin nadie más a quien poder quitar su último aliento, pues todos yacen sin vida. Ahora tomare un respiro, mientras las emociones y los deseos de mutilación se desvanecen a cada instante para darme un momento de paz.
Que nadie osa tocarme, que nadie osa hablarme porque este es mi reino, mi hogar y aunque la sangre mancha este paraje de bosques frondosos, el rubí también es bello y las colinas de la muerte son mi oscuridad más sádica. 

Kurgan

Tuesday, March 22, 2011

La Clínica

Juana y Raúl caminaban felices, sujetas sus manos en un tierno lazo, como a ella le gustaba. Su destino era la prestigiosa Clínica del Dr. Ferrán. Se habían estado preparando durante las últimas semanas para un gran acontecimiento; en realidad podría decirse, que se habían estado preparando durante los últimos setenta años.
Fueron recibidos por una simpática enfermera, de melosa sonrisa, que los acompañó a una espaciosa sala de espera, elegantemente decorada. Junto a las cómodas sillas que ocupaban, había un moderno revistero, repleto de ediciones de revistas del corazón.
No cogieron ninguna, para distraerse. Se limitaron a permanecer quietos, el uno junto al otro, lanzándose de vez en cuando alguna tímida mirada.
Apenas pronunciaron palabra alguna durante el tiempo que estuvieron solos en la sala. Unos diez minutos después, la misma enfermera los hizo pasar al despacho. En él, tras una gran mesa blanca, les esperaba el Dr. Ferrán.
-Buenas tardes- les dio la bienvenida- espero que no hayan tenido que esperar mucho tiempo.
Raúl, impresionado a su pesar por el joven aspecto del médico que le observaba tras unos gruesos cristales, se limitó a hacer un gesto negativo con la cabeza.
-Les ruego que me disculpen –continuó el doctor- pero hoy hemos tenido un día muy atareado. Ya llevamos atendidos a cinco clientes, en lo que va de día.
-No es molestia, de verdad- aseguró Juana, la dulce Juana con su voz cantarina.
-En cualquier caso, hoy es un día muy importante para ustedes. Me imagino que estarán nerviosos. ¿Lo han pensado bien? ¿Están seguros de lo que van a hacer?
-Mi mujer y yo lo hemos pensado durante mucho tiempo y pensamos que es la mejor solución, dadas las circunstancias –aseguró Raúl.
-De acuerdo- contestó el médico.-Bien, ante todo es preciso que firmen el contrato de que ya hablamos. Es imprescindible, tanto por mi propia seguridad, como por la de mis empleados. Ha de quedar patente que ustedes hacen esto por su propia voluntad, sin ser inducidos por nadie- presionó un botón que había junto a su mano derecha y enseguida apareció la enfermera. Llevaba un portafolios que colocó cuidadosamente sobre la mesa.
-Bien. Espero que entiendan que esto es mera formalidad- dijo el buen doctor mientras los esposos firmaban, apenas sin mirar, una serie de documentos que le iba presentando la enfermera.
-No se preocupe doctor, lo entendemos, de verdad- contestó Juana, sonriente. Raúl, por su parte no entendía la razón de tanto papeleo, pues la Clínica era a todas luces ilegal, y no creía que la firma del consentimiento fuera a cambiar nada.
Una vez hubieron estampado la firma en el último folio, el amable Dr. Ferrán los guardó todos cuidadosamente en una carpeta que entregó a la enfermera.
-Bien, amigos míos, creo que ha llegado al fin el momento que tanto han esperado. Acompáñenme- instó el médico.-Permítanme mostrarles las instalaciones de la Clínica, una de las más dotadas del país, no me importa decirlo, para la práctica de esta técnica-.
Habían pasado directamente, desde el despacho, a una espaciosa sala, totalmente pintada de un relajante azul claro. En el interior estaban, perfectamente alineadas una junto a otra, cuatro camas. Eran elegantes, parecidas a las de los hoteles de cinco estrellas, y de apariencia muy cómoda. Junto a cada una de ellas se había colocado un pie de gotero, que parecía desentonar con el resto del mobiliario.
-Como pueden ver-les explicaba el doctor- el dormitorio, como le llamamos, cuenta con todas las comodidades que puedan desear, televisión, música, lectura… también pueden disponer de un escritorio, en el caso de que quieran dejar algún mensaje por escrito a alguien…
-La verdad es que no deseamos dejar ningún mensaje- confesó Raúl.-Ello supondría tener que dar muchas explicaciones y no creo que sirviera para nada.
-Como ustedes quieran ¿Desean que aparezca algo en la pantalla de televisión mientras se prolongue el proceso?
-¡Me gustaría ver “Casablanca”!- saltó de repente Juana. Inmediatamente se ruborizó, al ver que todos la miraban –es que…es la primera película que fuimos a ver juntos al cine ¿Recuerdas Raúl?- se dirigió a su marido.
-Sí es cierto. ¿Habría algún problema en que la emitieran ustedes?.
- Ningún problema, señor Villar- aseguró el médico- en unos instantes la señorita Lucía, colocará la cinta. Disponemos de una amplia videoteca. Por otra parte, si quieren saber algo sobre el procedimiento que vamos a seguir para conseguir el tránsito- Raúl nunca había oído esa palabra, “tránsito”, y por unos instantes no supo a que se refería el buen doctor. De pronto, se dio cuenta de que les estaba hablando de su propia muerte y la de la única mujer que había amado, lo que le provocó un estremecimiento involuntario.
- Les puedo decir- continuaba hablando- que los métodos que utilizamos aquí son los más avanzados que se conocen hasta el momento. Cada día más personas utilizan nuestros servicios para, digámoslo así, “terminar”.
-¿Nos van a clavar agujas?- preguntó Juana. “Juana, la dulce Juana”, pensó Raúl,”siempre temerosa del dolor ”. Precisamente por ella estaba aquí, y por ella estaba dispuesto a llevar a cabo ese “tránsito” (el eufemismo le hizo sonreír). Hacía un mes, aproximadamente, que le habían diagnosticado cáncer de útero. Según decían era incurable por la avanzada fase en que se encontraba, y muy doloroso y Raúl no estaba dispuesto a que su Juana sufriera ni un minuto. Tampoco estaba dispuesto a dejarla sola. Él la había protegido siempre, y seguiría haciéndolo. Hasta el final.
-Sintiéndolo mucho tengo que confesar que eso es indispensable, señora, pero le aseguro que ni la notará, y sólo será una vez- aseguró el doctor.
-Doctor Ferrán, todo está dispuesto. Cuando deseen los señores, podemos comenzar- se oyó la voz de la enfermera a través del sistema de megafonía. A Raúl ya no le caía tan simpática.
-Bien señores, si no tienen inconveniente, pueden ir acomodándose. Elijan la cama que prefieran. Bajo la almohada encontrarán unos cómodos pijamas, que se pueden poner para estar más confortables.
-Si no le importa, hemos traído los nuestros propios- dijo Raúl con sequedad.
El médico, que pareció no notar la actitud de Raúl, se limitó a encogerse de hombros, indicándoles a continuación, siempre con amabilidad, el lugar donde se encontraba el vestidor.
Poco después, ambos, ya vistiendo sus respectivos pijamas, se introdujeron en sus camas, con la ayuda de la enfermera. Eligieron las dos del centro, más próximas entre sí, y que se encontraban situadas directamente frente a la pantalla de televisión, que en esos momentos comenzaba a emitir las primeras imágenes de su película preferida.
Raúl se encontraba en una fase de aturdimiento en la que el mundo parecía correr más deprisa de lo habitual. Allí estaba al fin. Iba a conocer de primera mano en qué acababa todo. La servicial enfermera le subía la manga derecha del pijama para colocar la consabida goma compresora con el objeto de hacer resaltar sus viejas venas. Ya conocía todo eso. Enseguida le daría las palmaditas rituales y sentiría el pinchazo que le indicaría que acababan de “cogerle una vía”, como se acostumbra a decir.
Miró al televisor. En la pantalla, el inmortal Rick hablaba con Sam sobre música. Los dos estaban muertos hacía años, como muy pronto iban a estarlo su querida Juana y él. Se obligó entonces a mirarla. En ese momento comenzaba la enfermera a colocarle el compresor. Juana no la miraba. Tenía sus ojos clavados en él. ¡Cuánto amor percibió en esa mirada! Ella había confiado plenamente en él desde el día en que se conocieron. Habían tenido, a lo largo de su vida, alguna discusión, pero siempre solían terminar abrazados, pidiéndose perdón el uno al otro. Alguna vez ella le había rogado: ¡prométeme que siempre me cuidarás, que siempre estarás conmigo!. Era tan dulce, parecía tan desvalida…
-Tranquila, amor mío- le aseguró- pronto estaremos juntos para siempre.
En ese momento comenzó a sentir como un líquido llenaba las venas de su brazo derecho. Éstas transportaban una sangre que pronto retornaría al corazón, mezclada con la sustancia letal, que sería entonces distribuida a todas las partes de su cuerpo.
-¿De verdad? ¿Siempre estarás conmigo?-preguntó ella.
-Siempre-respondió, con lágrimas en los ojos.
Ya comenzaba a adormecerse. ¿Cuánto tiempo había transcurrido desde que le clavaron la aguja? No lo sabía con seguridad. Seguía allí tumbado, cogiendo una mano a su querida Juana y mirando impávido como ella moría. Como ambos morían.
Giró su rostro de nuevo hacia la pantalla de televisión.
-“Tócala otra vez, Sam”- pedía Rick en ese momento. El sonido estaba muy bajo y no podía seguir bien los diálogos. Trató de buscar al médico con la mirada, pero descubrió que allí no había nadie.
“Se supone que debe permanecer alguien aquí, por si algo sale mal”- pensó-. Intentó entonces mover un brazo, con el propósito de llamar la atención. Lo notaba lejano, como si no le perteneciera. A pesar de ello consiguió, después de mucho esfuerzo, balancear el gotero lo suficiente para que, al golpear con el pie que lo sostenía, hiciera ruido suficiente para ser oído. Inmediatamente acudió la amable enfermera.
Sólo que ya no parecía amable en absoluto. Lo miraba como miraría a un insecto dañino que se niega a desaparecer después de haber sido rociado.
Raúl trató de hablarle. De pedir, simplemente que subiera un poco el volumen de la televisión. Consiguió (o al menos eso le pareció a él), emitir algún sonido, pero la enfermera hizo caso omiso y se limitó a sujetar fuertemente su brazo derecho con una fuerte venda al lateral de la cama. Luego lo miró. Ya no sonreía. Bueno, en realidad sí que sonreía, pero era una sonrisa aviesa, torcida. No parecía haber en sus ojos ni un atisbo de la simpatía y amabilidad con que los había recibido al principio.
Raúl, furioso ahora, comenzó a mover ambas piernas tratando inútilmente de ponerse de pie. En ese momento apareció el doctor. “¡Uf, menos mal!”- pensó Raúl- “ahora le cantará las cuarenta a esta maldita enfermera”. Sin embargo, el “amable” doctor, después de dirigir una rápida mirada a la enfermera, se colocó a los pies de la cama desde donde accionó un sencillo artilugio que lo inmovilizó inmediatamente, impidiéndole cualquier movimiento. Raúl comprendió al fin. Sospechaban que él había cambiado de idea y trataba de zafarse. Le embargó un sentimiento de angustia.
“¿Así que finalmente, eso es todo?”- pensó- “¿un puro negocio?”.
Aunque su cuerpo expiraba, su mente trabajaba ahora con rapidez. Algunos detalles, que su parte consciente había obviado aparentemente, se le presentaban ahora claros, bajo una nueva luz. Los documentos que habían firmado, una farsa seguramente. ¿Qué necesidad tenía una clínica ilegal, dedicada a practicar eutanasias, de la conformidad de sus clientes? Era evidente que si eran sorprendidos o denunciados las consecuencias legales iban a ser las mismas. La legislación vigente no permitía a nadie a quitar la vida a un semejante por mucha conformidad que hubiera por su parte. ¿Entonces? Para Raúl estaba claro ahora. Posiblemente se trataba de poderes notariales o algo parecido. Acababan de nombrar al amable doctor Ferrán su heredero universal.
Lo miraba. Sus crueles ojos, agrandados por las gruesas gafas, le parecían ahora carentes de vida. “No tiene alma”- pensó- “este hijoputa no tiene alma. Por eso puede hacer lo que hace sin que se le retuerzan las tripas”.
Raúl volvió la cabeza hacia su mujer, incapaz de seguir mirando los ojos del médico. Ésta, afortunadamente, no se había dado cuenta de nada. Permanecía postrada, con una sonrisa dibujada en su rostro. Por lo menos moriría feliz. Raúl intentó hablarle:
-Te quiero- susurró- eres lo mejor que me ha pasado nunca.
Ella amplió su sonrisa y pareció asentir. Le había entendido.
Todo estaba terminando. Los segundos pasaban velozmente y Raúl se hundía más y más en la inconsciencia. El médico no se había apartado de los pies de su cama desde el incidente y lo contemplaba serenamente, acechando sus últimos momentos de vida.
Raúl cerró los ojos de indignación, sintiendo la humedad de las lágrimas correr por sus mejillas, cada vez más frías e inertes.
De pronto, algo en él pareció despertar. Una rabia inmensa, nunca experimentada antes, lo inundó. Apretando fuertemente los dientes, intentó hacer un último esfuerzo para arrancarse la aguja que le estaba inoculando el veneno, pero no lo consiguió. Todo parecía girar a su alrededor, mientras le embargaba una sensación claustrofóbica de pánico e indefensión. Entonces comenzaron las convulsiones. Éstas se iniciaron en el pecho, primero levemente, apenas un temblor. Pronto se fueron haciendo más y más violentas levantando su cuerpo por encima de la cama. Ahora era todo su cuerpo el que se agitaba, sacudido por una crisis epiléptica en toda regla. Tanto el médico como la enfermera trataron entonces de sujetarlo fuertemente, echando su propio peso encima, pero era inútil. Finalmente, el médico optó por otro medio, mucho más expeditivo. Le quitó la almohada que aún tenía bajo la cabeza y se la colocó sobre la cara, tratando de asfixiarlo. Esto hizo que Raúl se agitara más fuertemente, pero era una batalla perdida.
El mundo se alejaba lentamente. Una sensación de ingravidez pareció invadirle; ya no tenía peso, ni volumen. Se estaba marchando, poco a poco…
Lejos, muy lejos, a unos mil kilómetros, se oían voces. Había entrado alguien más en la habitación de la muerte y preguntaba algo al médico. Éste, al parecer trataba de huir pero en el último momento era sujetado por las otras personas. La enfermera lloraba, histérica. Después de eso ya no oyó nada más.
Mucho después ( en realidad, como descubrió más tarde, sólo habían transcurrido unos minutos), un fuerte dolor lo envolvió, trayéndole de nuevo la consciencia.”No es posible. Si estoy muerto no puedo sentir dolor”. Este pensamiento pasó fugazmente antes de que de nuevo, una intensa sacudida, le causara una desagradable sensación de aplastamiento. Enseguida lo reconoció. Era el dolor que produce una descarga eléctrica. Lo estaban electrocutando. De nuevo, su corazón volvió a latir, recuperando también sus sentidos progresivamente. Oyó varias voces que hablaban de él:
-Parece mentira, pero este viejo loco va a sobrevivir, a pesar de su edad. Su pulso es estable y respira ya de forma autónoma. Muchos, más jóvenes que él, no habrían resistido la cantidad de morfina que le han inyectado- decía.
-Sí, es curioso doctor. Debe de tener unas ganas de vivir formidables. Además, recuerde como lo encontró la policía. Según dijeron estaba luchando con ese criminal.
-Eso si que no lo puedo creer. La dosis de morfina que lleva este hombre en la sangre no le hubiera permitido ningún tipo de movimiento.
-Puede ser, pero…
-Nada, nada. Déjese de fantasías y colóquele al enfermo un suero salino. Hay que depurar su torrente sanguíneo lo antes posible. Si hay alguna novedad, avíseme inmediatamente.
-De acuerdo doctor. En cuanto a la mujer…
-Ahora voy a verla. De todas formas no se puede firmar aún el acta de defunción. En un caso así es imprescindible llevar a cabo un examen forense.
Raúl, ahora consciente del todo, había asistido impávido a la conversación. Entonces, todo había terminado para su Juana. Él habría querido acompañarla en su último viaje, pero, al parecer, aún no era su hora. La cálida humedad de una lágrima, imposible de contener, resbaló por su mejilla.


- Nosferatu - 

Thursday, March 17, 2011

Un Beso de Despedida


"Todo está oscuro, el frío es intenso y me encuentro limitado en el espacio de mi libertad. Palpando con mis manos, me doy cuenta del pacifico sitio en el que me encuentro. Silencio, paz y tranquilidad invaden este lugar. Pero el silencio se rompe por un lamento que proviene del exterior, mi paz se ve alterada y comienzo a intranquilizarme por saber quien llora mi muerte...

Tras múltiples esfuerzos comienzo a ver una blanca tela que envuelve el pequeño espacio de mi libertad y una gruesa tabla de madera sobre la cual ejerce su presión la blanda arena. Más lejos veo una piedra y sobre de ella las lágrimas de una figura que no reconozco... ¿quién es?

Llora y, entre llantos, gime algunas palabras, pero sólo oigo el llanto y no descifro sus gemidos.

A la vez que se inclina hacia la piedra, un ramo de espinosas rosas cogido por su blanca mano, es depositado en el frío suelo. Ahora calla y queda pensativa ante la piedra...

Por un instante deseo salir de mi pacífico lugar para poder verle la cara. Y es entonces cuando mi alma, viéndose despojada de las ataduras de mi cuerpo, comienza a ascender a través de esa tela blanca, atravesando la gruesa madera y deslizándose por la tierra, consiguiendo llegar así junto a la bella figura que permanece pensativa ante mí.

No sé quien es, por lo que, dudando de que pueda volver a suceder esto y temiendo que ella no vuelva nunca más, decido permanecer en el mismo sitio, observándola, probablemente por última vez.

Tras un largo período de tiempo, ella se acerca sigilosamente hacia mí, para posteriormente besarme. Acto seguido, mi alma forzada por algo inexplicable vuelve a su punto de origen, pero esta vez con una rosa entre sus manos.

La bella figura se levanta y se aleja. Ya sé quien es, porque el reflejo de la blanca luna llena en su siempre limpia guadaña la ha delatado.

Ahora que vuelvo a estar sólo me pregunto por qué me lloraba la muerte..."

- Mazhuka -