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Tuesday, September 13, 2011

Poesía (Poetry)


Valoración: 8/10

A estas alturas a ningún cinéfilo que se precie le tiembla el pulso a la hora de calificar al cine de Corea del Sur como uno de los más líricos -si no el que más- del panorama internacional. Directores como Kim Ki-duk, Bong Joon-ho o Park Chan-wook han demostrado ser verdaderos poetas de la imagen, capaces de convertir en belleza lo terrible a través de su cámara. Poetry, la nueva propuesta del prometedor Chang-dong Lee es bastante menos extrema que las de sus citados compatriotas, pero no por ello se aleja de su ilustre estela.

El film nos presenta a Mija, una sexagenaria dedicada en cuerpo y alma al cuidado de su insoportable nieto. Cuando este es acusado de una violación que ha llevado a una joven al suicidio la anciana comenzará a ver la vida con otros ojos. Si de unos elementos similares -el familiar malvado, la vejez, el olvido- Bong Joon-ho se sacaba de la manga un magnífico thriller con Mother, para Chang-dong Lee el drama llega a través de una exposición pausada, desprovista de sentimentalismo pero increíblemente conmovedora gracias a un verdadero recital de sutileza y buen cine.

La película nos habla de una dignidad que planta cara sin victoria posible no solo a las atrocidades del nieto, sino también a una sociedad corrupta y cínica, esa mafia de padres y profesores incapaz de mostrar un atisbo de sentimiento, un aferrarse a la vida y a la memoria -aunque sea incómoda- frente a la deshumanización del mundo. No es la única lectura del film, pues Poetry aborda en sus diálogos (los foráneos nos perdemos todas las sutilezas de los recitales) algunas de las cuestiones que más han preocupado a la dialéctica poética moderna y muy especialmente a la poesía hispanoamericana, temas como la originalidad del creacionismo o la discusión en torno al poema entendido como espejo y exorcismo de nuestros miedos y esperanzas.

Poetry crece gracias al intachable trabajo de la veterana actriz Jeong-hee Yoon, que con más de trescientas películas a sus espaldas firma aquí una grandiosa interpretación protagonista después de dieciséis años alejada de las cámaras. Ni que decir tiene que la fotografía del film nos depara grandes momentos. Aunque los actores se llevan gran parte del protagonismo, la cámara también nos regala algunas escenas de belleza contemplativa como el largo plano del río que abre el film, contrapuesto a ese precioso final, el poema que recita primero la anciana y enlaza con la niña, la personificación del dolor ajeno en una mirada inquisitiva a cámara como la de Antoine Doinel en Los 400 golpes de Truffaut.

Siguiendo la estela de otros realizadores asiáticos como Hirokazu Koreeda, la película de Chang-dong Lee es ante todo un trabajo presidido por una sensibilidad narrativa excepcional tanto a la hora de filmar como de escribir una historia. Lástima que el premio que obtuvo el guión en Cannes no viniera acompañado de otro a la mejor actriz, algo que el director ya consiguió hace unos años con Secret Sunshine. En definitiva, un soberbio film al que solo se le puede achacar una duración algo excesiva, incluso para los estándares del cine asiático. Poetry es, en efecto, una verdadera reivindicación del cine como vehículo de creación poética.

- Keichi - 

Abel


Valoración: 8/10

Con permiso de Argentina, quizás sea Méjico el país que más está revolucionando el panorama cinematográfico latinoamericano con su incipiente industria. Diego Luna es uno de sus actores más destacados e internacionales. Mucho ha evolucionado el protagonista de "El Búfalo de la noche" desde sus inicios en el mundo de la telenovela hasta convertirse en un productor y creativo que lo mismo se lanza al documental que dirige un serie de animación. Ahora se alía en la producción con John Malkovich y su compañero Gael García Bernal, con el que formó un dúo inolvidable en Y tu mamá también, para dirigir su primer largometraje de ficción.

El guión de la película, escrito por Augusto Mendoza y el propio Diego Luna, nos presenta a Abel, un niño de nueve años internado en un centro de salud mental aparentemente aquejado de algún tipo de autismo. Su madre decide reunirlo durante unos días con sus hermanos en casa, un hogar precario y sin la presencia de una figura paterna. Sin previo aviso, Abel decide suplir esa ausencia asumiendo él mismo el papel de cabeza da familia, con tronchantes resultados para todos hasta que su verdadero progenitor regresa del extranjero. El conflicto está servido.

La historia de Abel es bien sencilla, un minimalismo que ya hemos podido ver en otras producciones mejicanas como Lake Tahoe. Al igual que sucedía en aquel trabajo de Fernando Eimbcke, los protagonistas abordan a través del realismo mágico el tema de la comunicación familiar, al identidad y la pérdida desde el punto de vista del niño, al que la cámara se adapta en todo momento. Cuando Abel asume el papel de padre y su familia le sigue el juego, la interpretación va mucho más allá de jugar a ser adulto. Es toda una reconstrucción de las relaciones que parte de cero. De hecho, dice mucho que el niño sea mucho más creíble en su rol que ese otro padre inmaduro e irresponsable.

Diego Luna ha hecho una estupenda labor de dirección de actores, empezando por los hermanos en la ficción y la realidad Christopher y Gerardo Ruiz-Esparza, siguiendo con una habitual de los seriales infantiles televisivos como Geraldine Galván y terminando con los veteranos Carlos Aragon y  la maravillosa pareja formada por Karina Gidi y José María Yazpik, aunque evidentemente el pequeño protagonista se llevan la palma por la apabullante e inquietante credibilidad de su interpretación. A destacar también la fotografía detallista y desenfocada de Patrick Murguía, uno de los talentos emergentes del cine mexicano.

Aunque el desenlace del film trata de generar una tensión que borre la sonrisa del espectador, la película no podía ser tan cruel con sus protagonistas y se permite incluso un epílogo para demostrar que con el tiempo todo se arregla. Así, este segundo trabajo de Diego Luna es al fin y al cabo una historia pequeña, modesta y entrañable que no oculta su condición de drama pero lo maquilla con un humor teñido de surrealismo que algunos críticos de Cannes han identificado con los trabajos de Michel Gondry y Wes Anderson. A Diego Luna le queda mucho terreno por explorar -y mejorar- pero lo que vamos descubriendo de su mano convence.

- Keichi -

Thursday, September 8, 2011

Marieke, Marieke

Valoración: 4/10



Para la cinematografía belga -más concretamente, la que procede de Valonia-Bruselas- hay un antes y un después de Rosetta, la Palma de Oro obtenida por los hermanos Dardenne en Cannes. Hace diez años aquel hito descubrió a Europa un cine de ficción propio más allá de la sombra protectora de Francia o los caminos fijados por su influyente escuela de documentalistas. Eso explica que poco a poco comiencen a llegarnos producciones de sus nuevos talentos, como es el caso de este primer largometraje de la directora Sophie Schoukens.

A sus veinte años, Marieke siente un completo desinterés por los chicos de su edad. Mientras ella mantiene encuentros sexuales con hombres de edad avanzada su madre vive en un estado de aislamiento emocional desde la muerte de su marido. La llegada de un viejo amigo de la familia desenterrará el oscuro pasado de los protagonistas. Así, la película es una historia de pérdida, la búsqueda del padre en los cuerpos de otros ante una imperante necesidad de amor, personajes que viven en un limbo existencialista con afán de metáfora.

El film se empeña en reivindicar constantemente su denominación de origen, la Bruselas gris de las cafeterías y el chocolate a la que pone voz la canción de Jacques Brel. Esa atmosfera efímera de tristeza y nostalgia la captura con mucho estilo la fotografía de Alain Marcoen, luminosamente fría, como la hermosura juvenil de la protagonista, esos primeros planos de pieles pálidas en la bañera. El protagonismo absoluto del film recae así en Hande Kodja (Meurtrières), una joven y prometedora interprete de belleza glacial bien explotada por el film. También convencen los trabajos de Barbara Sarafian y el veterano Jan Decleir, verdadero icono del cine flamenco.

No es de extrañar que el caldo de cultivo dramático que el guión ha ido preparando termine en nada. Se trata de un drama de ambiente, sin respuestas ni evolución alguna, sobrepuesto a sus personajes en la afectación de sus maneras. Como muchos dramas intimistas, el film de Sophie Schoukens tiende al exceso, tratando de extraer elementos poéticos de situaciones completamente banales o haciendo del llanto una catarsis de violencia. Resulta risible y hasta aceptable que la botella de whisky haya permanecido doce años en la maleta del escritor, detenida en el tiempo a la espera de que los secretos salgan a la luz, pero el momento de histeria en la bombonería ya es demasiado bochornoso.

A juzgar por algunos precedentes como Les fourmis rouges, de Stephan Carpiaux, gran parte del nuevo cine de autor belga parece tener una especial querencia por un tipo de historias que entroncan directamente con el film francés de las ultimas décadas, hoy ajenas al contexto histórico en que rodaban los maestros de la Nouvelle Vague. En efecto, aunque apunte maneras Marieke Marieke resulta tan poco creíble y forzada en los tiempos que corren que el desinterés es inevitable. Esta opera prima sin un fondo concreto se queda a medio camino de todo, abandonada en la mediocridad de su drama.

- Keichi - 

Wednesday, September 7, 2011

Chicogrande

Valoración: 4/10


Antes de sus afamados dramas sociales (Canoa, El Apando, Las Poquianchis), el veterano realizador mejicano Felipe Cazals se estrenó en el mundo del largometraje con una película sobre Emiliano Zapata. Cuarenta años después, Cazals vuelve la vista a otro de los ideólogos de la Revolución Mexicana. Corre el año 1916. Francisco Villa se recupera de sus heridas en las montañas, oculto del ejército norteamericano y las tropas de Carranza. Chicogrande, uno de sus hombres más leales, debe partir en busca de ayuda. En el otro bando, el mayor Butch Fenton no escatima en sangre para localizarlo. Pero lejos de reivindicar el mito de un Pancho Villa que casi brilla por su ausencia, las intenciones del film son otras bien distintas.

Chicogrande discurre entre el mundo del western crepuscular y la sobria recreación histórica. Hay un cierto poso de épica en la película, sus diálogos o esa querencia por los paisajes silenciosos que captura la fotografía de Damian Garcia. Pero al igual que esos parajes, el film es tremendamente árido. E indeciso. La descontextualización del western, geográfica y temporalmente pero sobre todo en su concepción aventurera, viene siendo una constante del género. Mucho ha dado que hablar la condición residual que de cine del Oeste tienen o no este tipo de películas. Aquí no se entiende que Cazals no se decida en su desarrollo plano y lento por uno u otro extremo.

Pero la queja más contundente que puede plateársele a Chicogrande es lo desfasadísimo de su lectura política. Una guerra entronca perfectamente con los ecos estéticos al western que el film pretende evocar. Hay unos buenos y unos malos tremendamente maniqueos entre los que incluso la presencia redentora del médico norteamericano chirría, pero la venganza en tierra extranjera termina remitiendo al 11-S, Irak o Afganistán, del revisionismo al más puro panfleto antiyanqui. El mejor ejemplo de esto es el personaje de Fenton con la cabeza a medio rapar y las prostitutas enanas En su afán por ridiculizar al enemigo, la película cae en el más absoluto de los bochornos.

No obstante, el film tiene una de sus mejores bazas en el reparto. La interpretación de pocas palabras de Damián Alcazar como Chicogrande contrasta con la de su antagonista americano. Daniel Martínez se ve abocado a convertirse en una caricatura insalvable y ridícula, pero durante gran parte del metraje consigue dar vida a un personaje aterrador, cambiando de nacionalidad e idioma. Dos excelentes trabajos a los que se suman los de algunos secundarios de lujo como el sobrio y también bilingüe Juan Manuel Bernal, Jorge Zárate o Patricia Reyes Spíndola.

Por momentos Chicogrande parece ofrecer una visión desacralizada y aséptica del villismo, una brutal contienda de odios en un contexto de miseria y muerte más que la romántica algarabía popular que siempre se ha revindicado. También se acerca al extremo opuesto, pero en vez de hablarnos de ideales y cantar a la historia de su patria o al pasado de sus héroes anónimos, Cazals ha querido mantener un ojo puesto en el presente. Muy probablemente esta película tenga una dimensión diferente para el pueblo mejicano, pero al resto del mundo no se le escapa que Pancho Villa nunca estuvo en Guantánamo.

- Keichi - 

El Gran Vázquez

Valoración 8/10


Seguramente el nombre de Manuel Vázquez no significará nada para los no iniciados en el mundillo del tebeo nacional, sobre todo si además son jóvenes. Pero si decimos que este señor fue el padre de historietas tan recordadas como las de las hermanas Gilda, la familia Cebolleta o Anacleto, agente secreto, la cosa cambia. Lo cierto es que la vida privada del dibujante superó con creces a la de sus personajes. Es precisamente esto lo que se ha propuesto contarnos el director Óscar Aibar (La máquina de bailar) en este atípico biopic ambientado en la Barcelona de los años sesenta.

Aunque exagerado para la ocasión, el Vázquez que nos presenta la película no se distancia demasiado del real, un hombre que vivía al día, eterno moroso, mujeriego, crápula y orgulloso de sus timos. Pero esta biografía del engaño no renuncia al retrato nostálgico de una generación de dibujantes, la de Bruguera, una industria e incluso una forma de entender el comic hoy desaparecidas. Por eso se le perdona que no profundice por ejemplo en la obra erótica de Vázquez, esa que en última instancia le llevó a vengarse de quienes le habían robado a sus personajes haciéndolos protagonizar una orgía de sexo en las páginas de un fanzine.

Aibar opta por sumergir el contexto histórico en una estética de tebeo muy parecida a la que utilizara Javier Fesser en La gran aventura de Mortadelo y Filemón. El estupendo trabajo de localización, la música de fanfarria de Nacho Mastretta y la fotografía de Mario Montero dan como resultado una atmosfera luminosa, surrealista, casi teatral, perfecta para ambientar esa España de los Celtas, los burdeles y la picaresca pero también del yugo y las flechas, la represión o los burócratas. Como un medio de escape a esa realizad, algunas vivencias del protagonista al más puro slpackstick parecen directamente extraídas de las viñetas, cuando no se transmutan directamente en ellas.

Aunque el papel de Vázquez parezca creado ex profeso para Santiago Segura, este se esfuerza por escapar a la sombra de Torrente. Lo consigue gracias a una interpretación mesuradamente contenida, tanto que muchos no sabrán apreciarla en su justa medida. También convence su compañera de reparto Mercé Llorens pero los que brillan con luz propia son los secundarios, la fantástica pareja formada por Álex Angulo y Enrique Villén o la emotiva aparición de Manolo Solo transmutado en Ibáñez. Incluso la intervención Jesús Guzmán viene a defender la vocación de referencia, a una casta de actores y una comedia nacional sustituida hoy por caspa de la mala.

El gran Vázquez funciona mucho mejor en su retrato de la primigenia industria del cómic español que como radiografía de su protagonista, una caricatura más que un retrato. Es una elección válida por lo sentimental del asunto, pero uno se queda con la sensación de que en manos de un director más dotado la vida de Vázquez hubiese podido dar mucho más de si, más allá de la tragocimedia. Ello no desmerece el mérito de esta producción francamente diferente que probablemente pasará desapercibida para muchos espectadores. Sería una lástima porque aunque el resultado sea un tanto irregular es una dignísima película.

- Keichi - 

Aileen: Life & Death of a Serial Killer

Valoración: 8/10

Aunque su historial queda muy lejos de las atrocidades cometidas por Dahmer, Gacy o Ted Bundy, Aileen Carol Wuornos ha pasado a los archivos como la primera asesina en serie de la historia de Estados Unidos. El afamado documentalista Nick Broomfield diseccionó en 1992 su procesamiento y posterior condena con The Selling of a Serial Killer. Aquel trabajo denunciaba ferozmente el oportunismo de gran parte del entorno de Wuornos, incluido su propio abogado, que aprovechó para lucrarse a su costa. Diez años después Broomfield y su colaboradora Joan Churchill volvieron a enfocar a una Aileen en los prolegómenos de su ejecución.

Como esa carretera perdida oscurecida por una música inquietante que abre el film, la premisa morbosa del documental es una mera fachada. En efecto, Life & Death of a Serial Killer es el retrato de una vida llena de abusos y desamparo, una mirada incómoda a la marginalidad de la que tantas veces surge el horror y el crimen. El caso de Aileen no fue una excepción. Pero más allá del retrato que componen las imágenes de archivo y cosecha propia o las entrevistas a familiares y amigos de la infancia, Broomfield no renuncia en absoluto a su habitual denuncia. Su documental es, ante todo, un alegato no solo contra la pena de muerte, sino contra un sistema punitivo completamente desquiciado e incluso surrealista.

La cámara intrusa de Broomfield nos ofrece unas impagables filmaciones en el seno mismo de las instituciones judiciales y penitenciarias detrás de las cuales se intuye no solo osadía, sino una verdadera relación de amistad entre el director y su entrevistada. La personalidad de Aileen es toda una incógnita, una asesina divertida y ocurrente que lo mismo se opone a sus propios testigos que pierde los papeles y se transmuta en una demente paranoica de mirada asesina o confiesa sus temores frente a la cámara, reflexiones en ocasiones muy lúcidas para alguien que parece caminar en el filo de la locura. Después de contemplarla uno entiende que la interpretación que le valió el Oscar a Charlize Theron por Monster iba mucho más allá de la mera caracterización.

Las preguntas sin respuestas de este excelente trabajo son una imposición reflexiva que va más allá de la culpabilidad o la inocencia, como esa terrible confesión de la asesina reconociendo que obró en defensa propia pero que no puede aguantar más su estancia en el corredor de la muerte, tan lejos de la anécdota sensacionalista de los medios de comunicación. No deja de ser ejemplar como Broomfield, en esa última declaración a ese circo de cámaras y micrófonos, se incluye dentro de esa misma hipocresía, interesada de uno u otro modo en crear sus propias leyendas negras. Ese dedo acusador deja claro que, aunque un asesino siempre sea un asesino, a veces nosotros también somos responsables.

-Keichi-