Tuesday, February 1, 2011

This is Love


Valoración: 6/10

    This is love
    Del amor a la locura

    Después de vivir su propia nueva ola de autores con Herzog, Wenders o Fassbinder, las películas alemanas vuelven a estar de moda gracias a éxitos como Good bye, Lenin!, Los educadores o La vida de los otros. Solo un cine maduro y con una larga tradición histórica como el alemán puede adentrarse en temáticas como las que aborda Matthias Glasner en esta película, un director al que le gusta analizar los recovecos más oscuros del ser humano. Si en su anterior trabajo -Der freie Wille- nos metía en la mente de un violador, ahora analiza las extrañas y cuestionables formas que puede llegar a adoptar el amor en determinadas situaciones.

    La película se compone de dos tramas separadas que terminan confluyendo en una sola. De un lado tenemos a Chris, un hombre que se dedica a comprar niñas a los proxenetas de Vietnam para venderlas en adopción a parejas de Alemania y que entabla una relación especial con una de ellas. De otra parte está Maggie, una inspectora de policía que no levanta cabeza desde que su marido la abandonara hace dieciséis años. Por desgracia, ambas historias no despiertan el mismo interés. Mientras que el drama interno de Chris ocupa toda nuestra atención, la historia de su compañera no debiera ir más allá de mostrarnos otro modo en el cual el amor se desfigura. De haberse ahorrado algunos detalles como la relación de Maggie con su hija la película ganaría muchos enteros.

    Aunque el elemento drama supera con creces al policiaco, la atmósfera de calles oscuras barridas por la lluvia y apartamentos bañados por una luz sin calor en la que se mueve el film pertenece claramente al mundo del thriller, un género que Matthias Glasner ya había cultivado con éxito en sus incursiones televisivas. This is love hace honor a la sobriedad del cine germano. Quizás precisamente por esa contención del conjunto, al director la película se le va de las manos en más de una ocasión. Por mucho que quiera mostrarnos lo hundidos psicológicamente e identificados que están sus personajes que la policía acuda borracha a su trabajo día tras día hasta el punto de arrastrarse por el suelo junto a su interrogado es pasarse de la raya.

    El actor danés Jens Albinus y la alemana Corinna Harfouch, están fantásticos pero el mayor descubrimiento del film es sin duda el de Lisa Nguyen como la pequeña Jenjira. El ambiguo personaje que interpreta es de una complejidad fuera de toda duda hasta el punto de que en manos de una actriz menos dotada la película se hubiera hundido en desgracia. Buenos papeles también de los secundarios, entre los que encontramos a Devid Striesow y Jürgen Vogel, un habitual del director al que los espectadores españoles reconocerán como el revolucionario profesor de la clase de La ola.

    La relación padre-amante entre Chris y Jenjira es a un mismo tiempo el punto más interesante del film y el más controvertido. Al abordarla el film de Glasner se adentra en un terreo peligroso en el que la mayor amenaza no son los mafiosos que persiguen a la niña sino los justificados tabúes sociales que no toleran las relaciones entre adultos y niños, una sexualidad que en esta historia casi podríamos calificar de incestuosa. No es de extrañar que el evento que desencadena la huida definitiva de Chris sea precisamente el asesinato del asistente social que pretende llevarse a la pequeña. Muchas preguntas incómodas rondan nuestras cabezas: ¿Quién se aprovecha de quién en esta relación imposible? ¿Idealiza el film la figura del pederasta? ¿Se puede llegar a tolerar la pedofilia en determinados casos? Lo cierto es que, mal entendido, el discurso de esta película puede resultar nauseabundo para muchos espectadores.

    This is love es una película bien construida y mejor rodada que nos deja escenas tan contundentes como la del accidente -un aplauso a la sutileza de los efectos digitales- o tan bien resueltas como la del encuentro de Chris con su padre en el partido de squash, con esos planos alternados en los que nunca aparecen los dos juntos. A pesar de todo, el film de Matthias Glasner es un trabajo no del todo bien hilado, con algunos excesos y al que además le sobran muchos minutos. Todo eso no es óbice para reconocer la valentía de una historia que se adentra en terrenos moralmente cuestionables. Su visión del amor es de todo menos agradable. Ya lo dice la frase de Graham Greene que abre la película: La inocencia es una clase de locura.
Keichi

Tideland


Valoración: 8/10

    Tideland es quizá la más obscena, mágica, repulsiva y fascinante obra de Terry Gilliam.
    Lejos ya de las míticas comedias de Monthy Python, en Tideland nos relata un cuento de hadas formado por los elementos más decadentes, enfermizos... un hermoso cuento forjado por lo más sórdido. Es la historia de Jeliza-Rose, una niña hija de padres drogadictos, que tras la macabra muerte de su madre se retira con su progenitor a una casa perdida en el campo.

    Allí se relacionará únicamente con sus muñecas decapitadas mientras su padre se embarca en un viaje sin retorno a las drogas y se descompone poco a poco en el salón del caserón, allí conocerá siniestros personajes que se harán sus amigos y nos demostrará cómo, con la imaginación lo más sórdido puede ser hermoso.
    La película, no apta para todos los estómagos tiene grandes componentes, como una fotografía impresionante, un cuidado guión y una interpretación de la niña protagonista, Jodelle Ferland, que ha dejado boquiabierto a más de uno.

    Personalmente me parece una propuesta más que interesante, arriesgada y visceral, un reto al espectador a ver más allá de las imágenes, a trascender lo material por muy repulsivo que resulte.
    Muy recomendable (a riesgo de que se produzca alguna que otra arcada... o que el espectador no conecte con el surreal mundo de Jeliza y caiga en el tedio infinito) como experimento de cine bien diferente.
Enoch

Un profeta


Valoración: 8/10

    Un prophète
    Profeta en su tierra

    Después de cautivar a propios y extraños con De latir, mi corazón se ha parado, Jacques Audiard regresa a la palestra con un film que la crítica francesa ya ha coronado como la mejor producción de la temporada. Aunque la hayan vendido como un drama carcelario -en su presentación en el Festival de Cine de San Sebastián llegaron incluso a calificarla de Wéstern social- Un prophète narra en realidad la clásica historia de ascensión al poder dentro del mundo del crimen organizado. En efecto, la cárcel de Audiard es una escuela de la vida y quienes quieran ver en ella alegorías políticas o lecciones vitales también podrán hacerlo, pero eso no quita para que su tremenda fuerza subyugue ante todo nuestros instintos más primarios.

    No se puede sino admirar el vigor y la credibilidad con la que está narrada la evolución de un personaje que entra en la cárcel analfabeto, vulnerable y desubicado y resurge reconvertido en un curtido capo. Jacques Audiard no necesita recurrir a la estela de El Padrino o beber de las fuentes del cine negro ni hace falta que nadie le explique lo complicado que resulta aplicar técnicas cinematográficas modernas a historias de corte clásico -que se lo digan a Michael Mann y sus Enemigos Públicos- porque tiene bien claro en todo momento lo que significa actualizar el género a los tiempos que corren. Éste es el mundo del hampa moderno visto en forma de thriller desprovisto de encanto, violentamente desapasionado y sobrio en sus conclusiones.

    La cámara se mueve a sus anchas por el pequeño universo asfixiante de la cárcel, con sus despintadas celdas hiperrealistas, su trapicheo de drogas y cigarrillos y sus familias étnicas separadas por una línea invisible que cruza el patio. El toque de autor lo da ese otro realismo extravagante, ciervos corriendo en mitad de la carretera en forma de visiones proféticas del futuro o el fantasma del asesinado que aconseja a nuestro héroe en su camino a la gloria. La cámara lenta en el tiroteo final, las canciones de Dylan y la música de Alexandre Desplat, la fotografía en claroscuro de Stéphane Fontaine, el excelente trabajo de sonido, ese protagonista mojando sus pies en el agua del mar en vez de sumarse a la fiesta… Todo, absolutamente todo, está medido al milímetro en una película que merece estudiarse detenidamente con un segundo visionado.

    El desconocido Tahar Rahim es toda una revelación interpretando Malik El Djebna, un protagonista que no es un antihéroe al margen del sistema pero tampoco un malvado criminal al uso porque en la realidad de la prisión de Audiard no hay espacio para las heroicidades, los juicios morales ni la dignificación de la mafia, unas consideraciones que ésta película deja muy atrás. Portentosa y prometedora interpretación a varios niveles la de éste chico. Le corresponden el resto del reparto, Adel Bencherif, Reda Kateb y sobre todo ese magnífico Niels Arestrup completamente desquiciado porque su aprendiz, más que el negocio, le arrebata su condición de señor de la fortaleza.

    Después de todos estos argumentos sobra decir que Jacques Audiard firma con su quinto largometraje una magnifica película a la que solamente un metraje ligeramente excesivo impide alcanzar la quinta estrella. Poco o nada se le puede rebatir al Gran Premio del Jurado obtenido en Cannes que devuelve a Francia a lo más alto de su certamen estrella por segundo año consecutivo. Esta película rebate con argumentos de peso a todos esos incrédulos que piensan que el cine francés actual peca de ser demasiado intelectual. Más les valdría a muchos directores iluminados fijarse en la modernidad que empapa esta película en vez de recurrir a ejercicios narrativos del pasado. Un prophète consigue lo que Scorsese, De Palma, Coppola y otros intocables de Holywood llevan intentando desde la década de los setenta. Todo un descubrimiento.
Keichi

The White Meadows (Keshtzarhaye Sepid)


Valoración: 6/10

    The white meadows
    En el país de las lágrimas

    La cinematografía iraní siempre ha destacado por hacer un uso exquisito de la metáfora para denunciar la realidad social y política de su país. Los cineastas de Irán son verdaderos poetas de la imagen, aunque sus recursos narrativos se deben más a un estado de necesidad que al capricho artístico. Al igual que Abbas Kiarostami, Bahman Ghobadi o los miembros de la familia Makhmalbaf, Mohammad Rasoulof pertenece a una generación de directores que se han visto forzados a recurrir a la alegoría para camuflar su crítica a unas instituciones que les obligan a trabajar en la más absoluta clandestinidad. Rasoulof tiene además en su haber una filmografía especialmente comprometida con la denuncia que incluso incluye un documental sobre la censura del gobierno de Mahmud Ahmadineyad.

    La historia de The white meadows comienza en medio del mar. Rahmat es un hombre dedicado en cuerpo y alma a recoger las lágrimas de las personas en momentos de duelo. Con su pequeña barca, recorre una y otra vez un archipiélago de islas yermas en las que realiza su pequeño ritual, ya sea en un velatorio o en la despedida de una joven prometida. Para componer estas pequeñas historias Rasoulof se vale de las tradiciones orales, los cuentos persas y otras fuentes que los espectadores extranjeros no terminaremos de captar en toda su profundidad. El resultado es un cuento con el mar como telón de fondo que puede interpretarse de múltiples maneras pero cuyo principal mensaje está más que claro.

    El director expone mediante diferentes metáforas el retrato de una sociedad subyugada por sus supersticiones religiosas, reflejo de un país anclado en una serie de costumbres que solo traen dolor a sus habitantes. El matrimonio concertado o el castigo de la lapidación son algunas de las referencias más evidentes. Del mismo modo, su film es una crítica brutal a un gobierno que asfixia la creatividad e impone el pensamiento único coartando la imaginación, impidiendo que el mar azul se convierta en rojo a los ojos del artista que desea representar su corrupción. Para Rasoulof Irán es un mar de lágrimas, una absurda tierra de horizontes difusos haciéndose pasar por moderna y civilizada con sus hombres trajeados.

    La película debe casi toda su belleza a los espectaculares paisajes naturales en los que ha sido rodada. El director de fotografía Ebrahim Ghafori deja que sea una geografía lunar y casi onírica quien seduzca al espectador, logrando además escenas tan hermosas como la de la barca cercada por el humo de las antorchas que se aleja en el horizonte o tan turbadoras como la del descenso suicida al fondo del pozo del hombre que lleva las peticiones de sus vecinos en tarros de cristal. Acompañado por actores no profesionales -una constante en éste tipo de producciones- Hasan Pourshirazi firma una buena interpretación protagonista. No le hacen falta casi diálogos para darnos a entender que, como el propio Rahmat, muchos iraníes parecen comprender en su silencio todo éste dolor pero son incapaces de rebelarse contra la injusticia.

    The white meadows combina la poesía imaginativa característica del cine de autor iraní con la crudeza metafórica de El caballo de dos patas. Al igual que a gran parte de los trabajos de sus compatriotas, se le puede acusar de ser un film demasiado contemplativo, construido a base de repetitivas imágenes vacías. Pero el trabajo de Mohammad Rasoulof plantea ciertas reflexiones que escapan a la propia película. Uno no puede evitar cuestionarse hasta qué punto éste film no está pensado en exclusiva para emitirse en festivales internacionales con ánimo de palmarés. Pero, sobre todo, cabe preguntarse qué sería del cine en Irán si se concediera a sus autores una libertad de expresión sin trabas. No se puede olvidar bajo ningún concepto lo complicado que resulta sacar adelante propuestas de esta índole en un país en el que ser cineasta equivale a estar siempre en el punto de mira. The white meadows es el más claro ejemplo de hasta qué punto la creatividad del cine iraní está asfixiada por un gobierno de censores.
Keichi

Pequeña Miss Sunshine

Valoración: 10/10

    Tres generaciones de una deprimente familia, los Hoover ( el abuelo es cocainómano, el tío acaba de salir del hospital tras un intento de suicidio, el padre da cursos sobre el éxito siendo un fracasado, el hermano se niega a hablar y solo lee a Nietzsche, la madre intenta no volverse loca en este ambiente) deambulan por las carreteras de los Estados Unidos en su destartalada furgoneta amarilla, para que Olive (Abigail Breslin) la hija pequeña, adicta a los concursos de belleza, acuda al concurso Little Miss Sunshine que se celebra en el otro extremo del país para cumplir su gran sueño.

    El filme comienza con una secuencia excepcional en la que una acalorada discusión ocurre al momento de la cena en el que salen las diferencias entre sus personajes, el respeto entre los miembros de esta familia es nulo.

    En realidad la película tiene los ingredientes de un drama pero la genialidad de los guionistas ha hecho que todas las situaciones trágicas se conviertan en comedia, dotándola de un agradable sentido del humor en el que la risa está asegurada además de tener el ritmo justo para mantenerte expectante en todo momento.

    Una película con una gran carga de sátira pero tremendamente humana.
    Premiada en numerosos festivales como Sundance, San Sebastián, Tokio….. y nominada a los Oscars como mejor película, mejor actor secundario (Alan Arkin),mejor guión original, mejor actriz secundaria (Abigail Breslin)... ganando al guión y actor secundario.
Stuart

Los Perros Dormidos Mienten (Sleeping Dogs Lie)

Valoración: 9/10

    Película que asombra desde su inicio cuando la angelical Amy (Melinda Page) una chica que es el orgullo de sus padres, siendo universitaria decide practicar sexo oral a su perro; este hecho marcará su vida.

    Con este sorprendente inicio que sin duda arranca la sonrisa del espectador, el director del film Bobcat Goldthwait, encuentra la excusa para plantearnos un tema: la sinceridad y honestidad en la pareja, familia…

    La película sin duda genera debate. El propio director y la actriz principal comentaban en el Festival de cine de San Sebastián 2006 donde fue presentada:
    - Goldthwait : “Es importante mentir”, defendiendo la relevancia de no siempre contar con una franqueza absoluta. “La gente daña contando cosas que debería guardarse”.
    - Melinda Page :“Creo que en el amor tiene que haber mucha bondad. Pero bondad y honestidad no siempre van de la mano. Hay seres queridos que te piden que seas completamente sincero y salen lastimados”.

    Película independiente de bajo presupuesto y apenas dos semanas de rodaje totalmente recomendable.
Stuart

Seasons in the Sun (Wo de tang)


Valoración: 1/10

    Desde China llega esta película dirigida por Zhang Huilin. En ella nos cuentan la historia de dos amigos que pasan su adolescencia hablando de música y mujeres. Uno de ellos vive en la sastrería con su madre, el otro se gana la vida vendiendo en la calle discos piratas… su vida es rutinaria, monótona, hasta que en unas clases de dibujo conocen a una joven de la que ambos se prendarán y dará un vuelco a sus vidas.

    La producción hace aguas por todas partes. La historia no convence, no engancha, la inconexión de muchas de las situaciones, la falta de explicación de muchas otras hace que el público esté más y más distante de las vidas de los tres protagonistas y termine dándole del todo igual lo que ocurra con ellas.

    Técnicamente, la película es también deficiente, con una calidad de imagen y audio de video no transporta a una hiper realidad, sino que da un aspecto “cutre” a toda la producción. A ello contribuye la interpretación de sus tres personajes principales, actores no profesionales cuyo trabajo en la película es más que olvidable y bastante pésimo en la mayor parte del metraje, no transmiten emoción alguna, y ello pasa factura.

    Todo lo expuesto, sumado a un metraje excesivo hacen de esta “Seasons in The Sun”, una película a evitar por lo aburrida, soporífera y sin sentido, nada aporta al panorama cinematográfico y resulta una total pérdida de tiempo… Abstenerse.
Enoch