Wednesday, November 24, 2010

El Corazón del Ángel

 Valoración: 10/10

    Harry Ángel (Mickey Rourke) es un detective privado que trabaja en Nueva Orleans. Un día es contratado por un misterioso cliente (Robert De Niro) para que encuentre a un hombre llamado Jhonny Favourite. Y así comienza esta historia...

    Realmente no sé ni por dónde empezar. Para mi es una obra maestra, llena de intriga, terror y suspense. La película da algunos giros concretos que no te esperas, y te mete en la espiral de desesperación e incomprensión que sufre el protagonista mientras busca a Jhonny Favourite.
    En esta película se mezclan maravillosamente el cine negro y la santería.

    No quisiera contar más por miedo a irme de la lengua y destriparos la película, pero os la recomiendo encarecidamente. Haced palomitas, acurrucaros en el sofá y disfrutad de una gran obra de culto.
   
Por cierto, deciros que si os gusta la peli, y además también disfrutáis leyendo, tenéis la novela "Corazón de Ángel" de William Hjortsberg, de donde se ha sacado este pequeño gran diamante del cine.
BlackCat

Eden Lake

Valoración: 6/10

  Desde el Reino Unido llega está polémica, controvertida y laureada producción firmada por el director James Watkins (también guionista del film) dispuesta a hacer sufrir a los espectadores…

    Para ello nos cuenta la historia de Steve y Jenny, una pareja que decide pasar un fin de semana romántico junto a un lago, buscando la soledad, la tranquilidad en comunión con la naturaleza… pero nada más lejos de lo que allí encontrarán.
    El remanso de paz pronto se ve quebrado por la aparición de un grupo de adolescentes que no paran de molestarles e incomodarles. El enfrentamiento es inevitable, y un accidente con la mascota del grupo dispara una espiral de violencia en la que la pareja protagonista se verá acosada, perseguida… y el lugar aislado que prometía paz se transformará en campo de batalla por la supervivencia.

    Por el argumento en el que se basa podréis ya imaginar que la película no destaca por su tremenda originalidad narrativa, en ella podemos ver claros paralelismos a otros films “ya vistos” como pueden ser “Ils” o “El Rey de la Montaña”, no obstante, sobresale frente a ellas apoyándose en el frenetismo de su ritmo, y en la ensañada crueldad de muchas de sus escenas, tanto en lo visual como en lo psicológico.

    El elenco de actores están bien correctos en sus respectivos papeles y la elección de localizaciones y su ambientación también son aceptables, así como otros aspectos técnicos como el maquillaje… lo único criticable puede ser quizás lo previsible de varias situaciones y lo inverosímil de otras…

    No obstante lo que verdaderamente destaca de esta película y la saca de lo vulgar es que es una de las más agresivas en su discurso, en su crítica social. Crítica a una generación adolescente aburrida de todo, sin aprecio por la vida ajena y con una nulidad de escrúpulos y valores que les lleva a buscar el sufrimiento ajeno como divertimento, que utiliza los móviles para filmar palizas, que pone a prueba la hombría de los jóvenes en función de las vejaciones que sean capaces de infligir a los indefensos adultos… crítica a los padres de esa generación, cómo consienten a sus infantes, cómo la disciplina queda olvidada… ¿quiénes son los culpables?¿quiénes las víctimas?.

    En conclusión, un ameno y cruel film donde quedar agotado con sus protagonistas escapando de los villanos más terroríficos y cotidianos de la sociedad actual… sin grandes sorpresas ni grandes innovaciones ni técnicas ni argumentales, pero con un interesante discurso ideológico de fondo. No es para tirar cohetes, pero sí una película a tener en cuenta.
Enoch

El Amanecer de los Zombies (House of the Dead 2)

Valoración: 4/10

    “El amanecer de los Zombies” es la secuela de la (merecidamente) criticada y descalificada “House of The Dead” de Uwe Boll (Basada en el videojuego del mismo nombre).

    En esta ocasión la acción se centra en un campus universitario, donde un experimento realizado sobre un zombie venido de la isla de la muerte (donde se desarrolló la primera parte) se tuerce y la infección se dispara. El campus se llena entonces de animadoras, estudiantes, bibliotecarias…etc. convertidos en muertos vivientes. Pronto llegará un equipo de elite formado por soldados y científicos para erradicar el mal.

    En justicia hay que decir que la película es mala, muy mala. Un maquillaje deficiente, unos personajes de pura caricatura y estereotipo, un guión infumable, unos efectos especiales catastróficos (impagable el momento del misil, ni en el peor telefilme televisivo…) todo hacen de ella una película que no puede ser calificada ni como “de serie B”, en conclusión, una calidad cinematográfica pésima. Bien es cierto que tomándola como un tanto paródica del género, sentándose a verla con colegas y unas cervezas (vino o lo que surja en su defecto) acaba resultando bastante graciosa de tan mala que resulta, virtud que no tenía su predecesora que resultaba soporífera.
    Recomendable UNICAMENTE para ver con colegas, coñas y alcohol, abstenerse en el resto de ocasiones.
Enoch

El Caballero Oscuro (Batman Begins 2)

Valoración: 9/10

    Tras la resurrección de la saga "Batman" con "Batman Begins", Christopher Nolan ("Memento", "El truco final: El Prestigio", "Batman Begins"...) termina de reinventarla retomando la historia con esta exitosa secuela, "El caballero Oscuro".
    En esta ocasión, tanto el héroe como la ciudad se alejan más de la estética oscura y gótica que tuviera en sus inicios. Ahora Gotham podría ser una moderna gran ciudad cualquiera, ahora Batman se acerca más a un estilo "James Bond" que a la figura de un mutante superhéroe. Con ello pierde un cierto encanto estético, pero gana en verosimilitud.

    El argumento de esta entrega se centra en el acercamiento de Batman (de nuevo Christian Bale) al teniente Jim Gordon (Gary Oldman, correctísimo, como siempre) y al fiscal del distrito Harvey Dent (Aaron Eckhart, muy digno en su controvertido papel). Este triángulo unirá sus fuerzas para limpiar la ciudad de Gotham de criminales, pero uno muy peculiar y poderoso ha hecho acto de presencia, un perturbado mas inteligente Joker (impresionante Heath Ledger) les pondrá en la cuerda floja.

    Muchas son las cosas a destacar en esta producción cuidadísima al detalle, pero la más importante de ellas reside en la calidad de las interpretaciones del elenco de estrellas que la protagonizan. Además de los cuatro protagonistas ya mencionados la película cuenta con secundarios de lujo, como Michael Caine, Morgan Freeman, Cillian Murphy, y con otros cuyo papel no alcanza el nivel de sus compañeros, como Maggie Gyllenhaal o Eric Roberts. Entre tal abanico sobresale una actuación sobre el resto, y es la del nuevo Joker, el recientemente fallecido Heath Ledger. Muy complicado lo tenía dado lo inolvidable de la interpretación que regaló Jack Nicholson en el primer Batman cinematográfico bajo las ordenes de Tim Burton... sin embargo, el joven Ledger, lejos de realizar una imitación, reinventa el personaje, crea un Joker absolutamente malsano, demente, enfermizo, hipnótico, y lo transforma en uno de los pilares de la película, ha dejado un legado con este personaje que no podría ser mejor despedida.

    A nivel técnico la película desborda calidad, su vestuario, maquillaje, efectos especiales... todo está más que correcto al servicio de un larguísimo metraje que no pierde interés en ningún momento y resulta trepidante prácticamente en su totalidad. Pero no sólo es espectáculo, no se queda en la agotada fórmula ser una película "montaña rusa" de efectismos y show, no. El caballero oscuro tiene muchos trasfondos, toca muchos aspectos morales, éticos, políticos... mezcla la acción con el drama, la intriga... lucha por crear una película muy completa y compleja, y sin duda lo consigue.

    Un conjunto de alta calidad que ha sabido ganarse el favor de la crítica y, por supuesto, del público, que con su masiva asistencia a las salas está haciendo ascender a esta producción al Olimpo de ser una de las más taquilleras de la historia. Muy recomendable.
Enoch

El Baile de la Victoria

 Valoración: 6/10

    El baile de la victoria
    Como jinete sin cabeza


    Siete años después de El embrujo de Shangai Fernando Trueba vuelve a probar suerte en el campo de la ficción con una nueva adaptación cinematográfica de una novela. En esta ocasión se trata del libro del escritor chileno Antonio Skármeta galardonado con el premio Planeta en 2003. No cabe duda de que el director de Belle Epoque y La niña de tus ojos ha querido en todo momento trasladar a la gran pantalla la magia literaria de El baile de la victoria pero es una lástima que su esperado regreso cristalice una película indiscutiblemente fallida.

    La omnipresente figura de la cordillera de los Andes envuelve esta historia. Con la llegada de la democracia a Chile se decreta una amnistía general y muchos presos son excarcelados. Dos de los afortunados son el inofensivo Ángel y Nicolás Vergara Grey, un ladrón de guante blanco muy popular por sus hazañas delictivas. Arrojados a las calles de Santiago, Nicolás trata de recuperar una vida perdida junto a su mujer y su hijo mientras que Ángel vagabundea por la capital en busca de un gran golpe. Sus vidas cambiarán cuando el chico conozca a Victoria, una mendiga huérfana y muda que sobrevive encerrada en un silencioso baile sin futuro.

    No hace falta haber leído el texto de Antonio Skármeta para darse cuenta de que nos hallamos ante una adaptación que se adivina demasiado fiel. Trabajar con un guión que entremezcla diversas tramas dotadas de un halo de romanticismo y aventura es una empresa tremendamente ambiciosa y arriesgada que se ha cobrado su precio. Todo el guión y sus personajes son de lo más novelescos, un lirismo que no termina de cuajar demasiado con una cruda realidad de las calles más propia del cine negro que de un cuento de hadas. Esta suerte de realismo mágico tan característico de la literatura latinoamericana deriva necesariamente en el maniqueísmo que la crítica especializada ya reprochaba a la novela original.

    Como no podía ser de otro modo, la película está llena de excesos. Por citar alguno podríamos mencionar un flash back del protagonista merendándose una sandía a la luz de la luna, la conversación en off entre Nicolás y su mujer para simbolizar su ruptura definitiva o todas esas escenas en la que el caballo va de un lado para otro recorriendo más millas que el corcel de Gandalf. Para terminar de rematar la faena, El baile de la victoria es una película terriblemente arrítmica y errática. No es de recibo que la historia tarde tanto tiempo en arrancar para luego resolver toda la parte del robo en una rápida escena que a esas alturas no interesa demasiado. Aunque el film tiene muchas cosas que contar uno se queda con la sensación de que le sobran minutos.

    Evidentemente, las interpretaciones de los personajes también son excesivas y esto hace que sus historias no resulten creíbles. Que en una película de estas características el público no comprenda a los protagonistas o enfatice con ellos es un defecto gravísimo. Abel Ayala ofrece una interpretación caricaturesca tratando de dar vida sin demasiado carisma a un personaje que no termina de funcionar en su eterno optimismo y su ingenuidad canalla. Todo aquel que haya visto El polaquito sabe que el personaje de Ángel no hace justicia a sus dotes interpretativas. Algo parecido le sucede a Miranda Bodenhöfer, una actriz no profesional forzada al mutismo que Trueba encontró de casualidad en la escuela del Ballet Nacional de Santiago de Chile. Ricardo Darín, un actor que sale airoso de todo lo que le echen, es el único que se salva de la quema interpretando a un personaje que le viene como anillo al dedo. Ariadna Gil encabeza un reparto de secundarios a los que se debiera haber dado más importancia entre los que destacan Mario Guerra, la famosa coreógrafa y bailarina Marcia Haydée o el propio Skármeta en un breve papel como crítico de danza.

    Aunque los defectos de éste film son muchos, quizás haya que encontrar su origen en un único problema: El baile de la Victoria es un trabajo excesivamente apasionado, tan sobreactuado, con un romanticismo tan de teatrillo, que no llega. Haciendo balance, uno siente tener que redactar una crítica tan destructiva, porque a pesar de todos estos puntos negros tan palpables la película se deja ver con interés, arranca alguna sonrisa y no aburre demasiado. Al menos uno tiene la sensación de que Trueba es completamente sincero en sus buenas intenciones y simplemente se ha dejado subyugar por el espíritu de la novela hasta el punto de no saber controlar los sentimientos de una historia que le ha quedado demasiado grande. Con todo, una malvada voz interior me recuerda que quizás no haya nada peor que aprobar a una película por pena…
Keichi

Dying Breed

Valoración: 5/10

Jody Dwyer nos trae desde Australia un nuevo ejemplo de cine de terror tan prolífico en los últimos tiempos en este país. Lástima que este nuevo producto queda a la sombra de otros de la misma nacionalidad, recientes en el tiempo y de mucha mayor calidad, como es el caso de “Wolf Creek”, “Rogue”…

    En esta ocasión la acción nos conduce a lo más profundo de los bosques de la mano de un grupo de cuatro amigos que se adentran en la espesura con la intención de investigar el mítico tigre de Tasmania. Una vez allí, los depredadores más terroríficos no serán los tigres, sino un clan caníbal dispuesto a hacer de ellos… su cena… ¿o quizá algo más?

    El film cae en uno de los más típicos errores del cine de terror actual, presentarnos una cuadrilla de jóvenes cuyos caracteres y actitudes no calan en el espectador sino que lo dejan indiferente tornándolo prácticamente a desear que los villanos sean quienes venzan en la historia.

    La trama se desarrolla de una manera en exceso típica, nada queda a la sorpresa y muy escasas situaciones se hacen imprevisibles. Apenas si inquieta a la audiencia y ni siquiera la truculencia que promete su cartel es tal, se queda a medio camino y termina siendo un producto un tanto mediocre en su forma y planteamiento.

    Si bien algo es destacable en esta producción es, una vez más en un film australiano, la fotografía y los tremendos paisajes naturales donde se desarrolla la acción y que acaban siendo un elemento tan importante como los protagonistas de la película.

    En conclusión, muchas son las debilidades de esta producción, muchas sus deficiencias y demasiados su tópicos, mas en su favor diremos que, globalmente, resulta medianamente entretenida, quizá más para una tarde de domingo en el sofá de casa que para una sala de cine. Prescindible.
Enoch

Dracula de Bram Stoker

Valoración: 10/10    

En 1897 el escritor irlandés Bram Stoker publicaba Drácula, una de las novelas más influyentes de la literatura moderna. Precedido por otros autores como Polidori o Sheridan Le Fanu, el texto de Stoker asentaría definitivamente el arquetipo del vampiro en el imaginario colectivo. Drácula supone pues el origen incontestable de muchas de las historias sobre este ser de las tinieblas, especialmente las cinematográficas. Casi cien años más tarde, el director Francis Ford Coppola quiso regresar a ese punto de partida para rodar uno de sus mejores trabajos.

    La historia es conocida por todos, no así sus orígenes. En esta película el Conde fue antaño un poderoso caballero defensor de la fe cristiana que tras la injusta muerte de su enamorada abrazó los poderes de la oscuridad. Siglos más tarde nos reenganchamos al argumento original de la novela con la llegada del abogado inglés Jonathan Harker a las brumosas tierras de Transilvania. Harker se convierte progresivamente en un prisionero dentro del castillo del Conde pero el destino se interpone cuándo el vampiro descubre una fotografía de su prometida, un calco exacto de su perdida Elisabeta.

    Es menester empezar esta reseña sentenciando que el título de la película es intencionadamente engañoso. Si bien Drácula se vende como una adaptación fiel de la novela de Stoker, lo cierto es que esta fidelidad es meramente formal. En efecto, el film reproduce de manera casi anecdótica los extractos de diarios y cartas que forman la estructura del libro. Ante todo, Coppola y el guionista James V. Hart quisieron presentar a su vampiro no como un muerto viviente sediento de sangre, sino cómo un ser atormentado y desesperadamente vivo, casi un antihéroe romántico podría decirse, una humanización del monstruo apoyada además en un intercambio de personalidades con su antagonista, el profesor Van Helsing.

    De otra parte, Coppola no teme introducir en la historia una clara alegoría acerca de la sexualidad reprimida. No es nada forzado si se piensa en las connotaciones metafóricas del vampirismo y la sangre. A nadie se le escapa el papel sumiso de la mujer en la sociedad victoriana, reprimida en sus impulsos por una férrea educación religiosa y moral. El desconcierto de Mina y Lucy al observar un Kamasutra se opone a las lúbricas apariciones de las vampiresas. Dicho de otro modo, cuando Mina huye de su prometido para arrojarse a los brazos del Conde, escapa también de un futuro gris, de toda esa muerte espiritual y pasional (no solo física) que le aguarda. Paradójicamente, para ella la verdadera vida se encuentra en la no-vida que el vampiro le ofrece.

    El trabajo de los actores es excepcional. No es de extrañar si se tiene en cuenta que inicialmente la película estaba concebida cómo si de una obra de teatro minimalista se tratase, una idea que se fue diluyendo tras profundas reestructuraciones en las que el propio reparto colaboró. Gary Oldman firma aquí la interpretación de su vida dando vida a un Drácula que inspira terror y piedad, respondido por una Winona Ryder en estado de gracia. Algo más discutibles resultan los trabajos de un poco carismático Keanu Reeves o del histriónico Anthony Hopkins. Completan el reparto los secundarios Sadie Frost, Bill Campbell, Richard E. Grant, Cary Elwes y el cantante Tom Waits cómo Renfield en una sorprendente interpretación. Los más observadores también podrán reconocer a Monica Belucci en uno de sus primeros papeles.

    Drácula es en si misma un hermoso homenaje al séptimo arte. La película está plagada de referencias cinematográficas, destacando los guiños a Kurosawa y al cine japonés en general. No es casualidad, ya que Coppola fue uno de sus introductores en Estados Unidos. Así, podemos reconocer fragmentos del Kwaidan de Kobayashi en los siniestros ojos que observan el tren desde el cielo o escuchar ecos de las batallas de Kagemusha en la crepuscular lucha de sombras chinas que abre la película. Como no podía ser de otro modo, también se nos aparece en ocasiones la sombra del Nosferatu de Murnau. Es imposible olvidarse de la inquietante y maravillosa banda sonora de Wojciech Kilar, acompañada en los créditos por la voz de Annie Lennox. Siguiendo con la influencia del país del sol naciente, el contundente vestuario de Eiko Ishioka viste de geisha a una pálida novia vampiro o se da el lujo de aludir a Klimt en sus diseños de vestuario.

    Pero quizás el homenaje más llamativo de la película sea el que toca a la elaboración de sus efectos especiales. Coppola quiso hacer uso de todos los trucos tradicionales del cine clásico en el centenario de su nacimiento, una tarea titánica que acabó con parte del equipo de especialistas en la calle. Recurriendo a maquetas, juegos de espejos, un espectacular maquillaje y otros trucos no digitales se consiguió una recargada atmósfera barroca y en ocasiones claramente operística. Podemos ver algunos de estos primeros inventos en esa escena -completamente inexistente en la novela- en la que el Conde visita el cinematógrafo. La analogía entre vampirismo y cine es hermosamente precisa: Al igual que el vampiro, el cine tiene algo de sobrenatural, reproduce la vida pero la deforma, hipnotizando a quienes lo contemplan con su belleza engañosa.

    A pesar de un discreto palmarés en los Oscars (cuatro nominaciones de las cuales ganó las de mejor maquillaje, vestuario y edición de sonido) y una recepción controvertida, la película obtuvo un notable éxito en taquilla y devolvió a su director no solo el crédito artístico perdido en los últimos años, sino también una estabilidad económica mermada después de numerosos fracasos comerciales. Vilipendiada por los más acérrimos seguidores de la novela, apasionada hasta la incoherencia e irregular en su desarrollo, detrás de la cámara se intuye en todo momento la megalomanía de un visionario amante del cine. No cabe duda de que Drácula, de Bram Stoker es ante todo el Drácula de Francis Ford Coppola.
Keichi