Valoración: 7/10
Tras el éxito y reconocimiento obtenido por “Wolf Creek”, el director australiano Greg Mclean vuelve a ponerse tras las cámaras para contarnos una historia radicalmente distinta, aunque una vez más, sin salir de su país de origen. Ahora el asesino no es un ser humano cruel y demente, sino algo aún más feroz y letal, un enorme cocodrilo…
Nos cuenta la historia de Pete (Michael Vartan), un periodista encargado de escribir artículos sobre localizaciones turísticas, que se embarca en un barco de recreo a cargo de la guía Kate (Radha Mitchell) para recorrer los ríos de un parque natural australiano junto a un nutrido grupo de variopintos turistas prestos a pasar un buen rato viendo a los cocodrilos de la zona desde la seguridad de la embarcación.
Pero poco les dura la tranquilidad, durante el recorrido son embestidos por un descomunal cocodrilo y quedan varados en una isla, totalmente aislados y lejos de la civilización. Pero la marea comienza a subir…
A priori, una película de estas características y temática resulta muy poco atractiva, el espectador piensa que se le va a ofrecer “otra tontería más sobre cocodrilos”… pero nada más lejos de la realidad, Greg Mclean ha conseguido dar la vuelta al tópico con su película. Para ello cuenta con varias bazas. La primera de ellas es sin duda el espectacular entorno donde está rodada la película, el parque natural captura los sentidos del espectador desde los primeros planos del film. La elección de aquellos que componen el grupo de turistas es también acertada, diversos tipos de personajes y caracteres que hacen que el espectador pueda empatizar con unos u otros y desear que unos caigan antes que otros en las fauces de la bestia, ayuda enormemente a meterse en la historia y sufrir con sus protagonistas. Los efectos visuales están bastante bien realizados y las interpretaciones aderezan la credibilidad del conjunto. Sin duda es un angustioso viaje que merece la pena realizar.
Si algo puede decirse en su contra es que, pese a desmarcarse totalmente de películas del mismo estilo es innegable que pierde un poco de fuelle al acercarse la historia a su final, tras lo acontecido en la isla en la que encallan. Ahí el film cede un tanto al tópico y lo comercial… una lástima.
De todas las maneras, es la primera película de “monstruo acuático” que merece la pena en bastante tiempo, y eso ya es todo un logro. Recomendable para pasar un mal rato.
Enoch
Thursday, December 2, 2010
El tatuador (The Tattooist)
Valoración: 5/10
Desde Nueva Zelanda llega este film de Peter Burger protagonizado por Jason Behr (el que fuera el novio de Sarah M. Gellar en "El Grito") sobre el mundo de los tatuajes.
En él se nos cuenta cómo un tatuador oportunista (que se gana la vida dibujando sobre los cuerpos tatuajes "sanadores" y engañando con ello al personal) roba una un instrumento samoano en una feria. A partir de ese momento se desata la maldición, todos los tatuajes que realiza cobra vida y acaban con aquella de quien los porta. Una vez consciente de ello, el tatuador arranca una carrera contra el tiempo para vencer la maldición y salvar así las vidas de aquellos que han pasado por su estudio.
"The Tattooist" es un film bastante al uso, un tanto vulgar que cuenta con nuevos trasfondos una historia mil veces contada en el cine de terror. En este caso concreto no provoca ni miedo ni inquietud ni ninguna emoción más allá del más llano entretenimiento.
No profundiza en exceso en la cultura samoana, ni en el mundo del tatuaje (que queda como algo poco más que estético y recurrente para embellecer una trama demasiado sencilla), podía habérsele sacado mucho más partido a todo, incluidas las interpretaciones de sus protagonistas.
En conclusión, un film para pasar el rato, nada más.
Enoch
Desde Nueva Zelanda llega este film de Peter Burger protagonizado por Jason Behr (el que fuera el novio de Sarah M. Gellar en "El Grito") sobre el mundo de los tatuajes.
En él se nos cuenta cómo un tatuador oportunista (que se gana la vida dibujando sobre los cuerpos tatuajes "sanadores" y engañando con ello al personal) roba una un instrumento samoano en una feria. A partir de ese momento se desata la maldición, todos los tatuajes que realiza cobra vida y acaban con aquella de quien los porta. Una vez consciente de ello, el tatuador arranca una carrera contra el tiempo para vencer la maldición y salvar así las vidas de aquellos que han pasado por su estudio.
"The Tattooist" es un film bastante al uso, un tanto vulgar que cuenta con nuevos trasfondos una historia mil veces contada en el cine de terror. En este caso concreto no provoca ni miedo ni inquietud ni ninguna emoción más allá del más llano entretenimiento.
No profundiza en exceso en la cultura samoana, ni en el mundo del tatuaje (que queda como algo poco más que estético y recurrente para embellecer una trama demasiado sencilla), podía habérsele sacado mucho más partido a todo, incluidas las interpretaciones de sus protagonistas.
En conclusión, un film para pasar el rato, nada más.
Enoch
El sueño de la Muerte (Batalla en el Infierno - Clive Barker's The Plague)
Valoración: 5/10Clive Barker nos trae la inquietante historia de cómo un día todos los niños de 9 años caen en un estado de catatonia profunda, permaneciendo inmóviles durante diez años.
Cumplido este tiempo vuelven a la vida, pero no quieren que disfrute de ella ninguno de los adultos que les rodean.
La premisa, interesante y que recuerda a otras como "El pueblo de los malditos" o "¿Quién puede matar a un niño?", no está nada mal y hasta llegar al punto del despertar nos regala escenas verdaderamente inquietantes.
El problema es que a partir de ahí el film se vulgariza, se transforma en una película de zombis más... y lo peor de todo, que tras mucho cavilar el espectador, se queda sin recibir muchos de los ansiados "por qués" de todo lo que ocurre.
Su muy discutido final, que por regla general no ha convencido y algunas interpretaciones en absoluto memorables, como la de su protagonista James Van Der Beek (Dawson Crece, Las Reglas del Juego) han llevado a esta película a estrenarse en España directamente en dvd sin pasar por las salas de cine.
Es entretenida, pero poco más, y viniendo firmada por el señor Baker eso ya es toda una decepción.
Enoch
El Secreto de Sus Ojos
Valoración: 10/10
El secreto de sus ojos
No fue otra vida. Es esta
Al igual que le sucedió a Asia, Latinoamérica comienza a despertar definitivamente de su letargo cinematográfico. Quizás sea Argentina uno de sus países que más éxitos ha cosechado en los últimos años y uno de sus mejores representantes Juan José Campanella. El director de El mismo amor, la misma lluvia o Luna de Avellaneda regresa a la gran pantalla del mejor modo posible, con un film policíaco que no renuncia a la sensibilidad de sus anteriores trabajos. El secreto de sus ojos es un verdadero tesoro de celuloide. Quizás sea esta la película clave para convencer a todos aquellos que aún recelan del cine que hacen nuestros hermanos del otro lado del Atlántico.
La historia -basada en un texto del novelista Eduardo Sacheri, que también se ha ocupado de adaptarlo al guión- nos presenta a Benjamín Espósito, un antiguo secretario de Juzgado reconvertido en escritor. Tras muchos años de ausencia, Benjamín regresa a Buenos Aires ya jubilado, dispuesto a reencontrarse con su antigua compañera de trabajo, la adinerada y exitosa Irene Hastings. Lo que comienza siendo el recuerdo de un asesinato que quedó sin resolver termina llevando al protagonista a repasar su propia historia, su propio pasado inacabado en el que todavía queda una última página por escribir.
El primer acierto de la película es un guión espléndido, bien hilado, sin engaños ni vueltas de tuerca innecesarias. El secreto de sus ojos rescata la esencia del cine negro americano de los años cincuenta sin renunciar por ello a un carácter profundamente latino. Campanella no solo se las apaña para mezclar con éxito thriller, drama romántico y comedia, sino que lo hace además a través del tiempo. Las constantes transiciones entre presente y pasado gracias a los objetos cotidianos como la máquina de escribir, el sonido del teléfono o las mismas frases y gestos de los protagonistas están perfectamente enlazadas. El toque de humor lo ponen unos trabadísimos diálogos, perfecto exponente de ese humor ácido argentino que tanto gusta en nuestro país.
Al éxito del film contribuyen unos actores que trascienden de su condición para convertirse en los personajes que interpretan. Ricardo Darín hubiera merecido una Concha de Plata en San Sebastián por ese Espósito eternamente enamorado e indeciso. Al mismo nivel está Soledad Villamil, que lo expresa absolutamente todo con sus miradas, resultando en una química con su compañero de reparto nada habitual. Por supuesto, no se quedan atrás un Guillermo Francella absolutamente fantástico dando vida al alcohólico y genial Pablo ni Javier Rodino y Pablo Rago como el inquietante asesino y su atormentado persecutor. Hasta los pequeños secundarios están inmensos.
Para rematar la jugada, la película está increíblemente bien rodada, en un constante suma y sigue de escenas memorables: La ejecución de Pablo, ese momento de tensión insostenible en el ascensor con el asesino sacando el cargador de la pistola, la puerta abierta que deja tras de si el infierno silencioso del cautivo y su carcelero o esa otra puerta cerrada que confirma el amor largamente acariciado. Da la impresión de que Campanella haya querido experimentar con diversas técnicas cinematográficas, desde la cámara lenta en la estación del tren hasta ese increíble plano secuencia de la persecución en el estadio de fútbol, casi equiparable (trucos digitales incluidos) a la de Alfonso Cuarón en Hijos de los hombres. Es solo otro logro más de una película en la que todo es perfecto, desde el esclarecedor título hasta la ambientación de la convulsa argentina de los años setenta pasando por la música de Federico Jusid y Emilio Kauderer que deja caer sus notas de piano en el momento preciso.
Esta película confirma la excelente salud del cine latinoamericano en general y del argentino en particular. Juan José Campanella ha creado un clásico instantáneo, una película que huele a gran cine desde su mismo comienzo. Con un argumento perfecto, unas interpretaciones superlativas y una dirección inspiradísima, El secreto de sus ojos se basta y sobra para meter al espectador en la película y coronarse como la mejor producción argentina de los últimos tiempos. Solo alguien que ama profundamente el cine es capaz de rodar una película como ésta: Al igual que los personajes del film, Campanella es incapaz de cambiar de pasión, esos secretos que cuentan los ojos -que lo mismo expresan un amor imposible que delatan a un asesino- o esa letra que falta para convertir lo que se teme en lo que se ama.
Keichi
El secreto de sus ojos
No fue otra vida. Es esta
Al igual que le sucedió a Asia, Latinoamérica comienza a despertar definitivamente de su letargo cinematográfico. Quizás sea Argentina uno de sus países que más éxitos ha cosechado en los últimos años y uno de sus mejores representantes Juan José Campanella. El director de El mismo amor, la misma lluvia o Luna de Avellaneda regresa a la gran pantalla del mejor modo posible, con un film policíaco que no renuncia a la sensibilidad de sus anteriores trabajos. El secreto de sus ojos es un verdadero tesoro de celuloide. Quizás sea esta la película clave para convencer a todos aquellos que aún recelan del cine que hacen nuestros hermanos del otro lado del Atlántico.
La historia -basada en un texto del novelista Eduardo Sacheri, que también se ha ocupado de adaptarlo al guión- nos presenta a Benjamín Espósito, un antiguo secretario de Juzgado reconvertido en escritor. Tras muchos años de ausencia, Benjamín regresa a Buenos Aires ya jubilado, dispuesto a reencontrarse con su antigua compañera de trabajo, la adinerada y exitosa Irene Hastings. Lo que comienza siendo el recuerdo de un asesinato que quedó sin resolver termina llevando al protagonista a repasar su propia historia, su propio pasado inacabado en el que todavía queda una última página por escribir.
El primer acierto de la película es un guión espléndido, bien hilado, sin engaños ni vueltas de tuerca innecesarias. El secreto de sus ojos rescata la esencia del cine negro americano de los años cincuenta sin renunciar por ello a un carácter profundamente latino. Campanella no solo se las apaña para mezclar con éxito thriller, drama romántico y comedia, sino que lo hace además a través del tiempo. Las constantes transiciones entre presente y pasado gracias a los objetos cotidianos como la máquina de escribir, el sonido del teléfono o las mismas frases y gestos de los protagonistas están perfectamente enlazadas. El toque de humor lo ponen unos trabadísimos diálogos, perfecto exponente de ese humor ácido argentino que tanto gusta en nuestro país.
Al éxito del film contribuyen unos actores que trascienden de su condición para convertirse en los personajes que interpretan. Ricardo Darín hubiera merecido una Concha de Plata en San Sebastián por ese Espósito eternamente enamorado e indeciso. Al mismo nivel está Soledad Villamil, que lo expresa absolutamente todo con sus miradas, resultando en una química con su compañero de reparto nada habitual. Por supuesto, no se quedan atrás un Guillermo Francella absolutamente fantástico dando vida al alcohólico y genial Pablo ni Javier Rodino y Pablo Rago como el inquietante asesino y su atormentado persecutor. Hasta los pequeños secundarios están inmensos.
Para rematar la jugada, la película está increíblemente bien rodada, en un constante suma y sigue de escenas memorables: La ejecución de Pablo, ese momento de tensión insostenible en el ascensor con el asesino sacando el cargador de la pistola, la puerta abierta que deja tras de si el infierno silencioso del cautivo y su carcelero o esa otra puerta cerrada que confirma el amor largamente acariciado. Da la impresión de que Campanella haya querido experimentar con diversas técnicas cinematográficas, desde la cámara lenta en la estación del tren hasta ese increíble plano secuencia de la persecución en el estadio de fútbol, casi equiparable (trucos digitales incluidos) a la de Alfonso Cuarón en Hijos de los hombres. Es solo otro logro más de una película en la que todo es perfecto, desde el esclarecedor título hasta la ambientación de la convulsa argentina de los años setenta pasando por la música de Federico Jusid y Emilio Kauderer que deja caer sus notas de piano en el momento preciso.
Esta película confirma la excelente salud del cine latinoamericano en general y del argentino en particular. Juan José Campanella ha creado un clásico instantáneo, una película que huele a gran cine desde su mismo comienzo. Con un argumento perfecto, unas interpretaciones superlativas y una dirección inspiradísima, El secreto de sus ojos se basta y sobra para meter al espectador en la película y coronarse como la mejor producción argentina de los últimos tiempos. Solo alguien que ama profundamente el cine es capaz de rodar una película como ésta: Al igual que los personajes del film, Campanella es incapaz de cambiar de pasión, esos secretos que cuentan los ojos -que lo mismo expresan un amor imposible que delatan a un asesino- o esa letra que falta para convertir lo que se teme en lo que se ama.
Keichi
El retorno de los Malditos (Las Colinas Tienen Ojos 2)
Valoración: 5/10
Este remake-secuela viene firmado por el director de la fantástica "Grimm Love", es quizá por ello que me ha gustado bastante menos de lo que esperaba, porque si su anterior película innovaba y sacaba poesía de lo macabro con "El retorno de los malditos" no nos ha dado nada que no hayan hecho antes otros cineastas en el cine de terror o gore.
El film tiene un argumento sencillo, un grupo de soldados que se acerca a un campamento científico ubicado donde sucedieron los hechos de la primera parte, allí encuentran destrucción y masacre.
Los mutantes no tardan en aparecer y diezmarles, guardando a las mujeres.
Las muertes son bastante creativas, pero lo personajes no tienen el suficiente carácter como para empatizar con ellos y sufrir con ellos.
Por otra parte pienso que el hecho novedoso de los raptos de las mujeres para perpetuar la "especie mutante" no esta del todo explotado cuando tenía mucho jugo.
Un film entretenido, pasable y bastante mejor que la mayoría de su género, pero que no ha cubierto las expectativas suscitadas.
Enoch
Este remake-secuela viene firmado por el director de la fantástica "Grimm Love", es quizá por ello que me ha gustado bastante menos de lo que esperaba, porque si su anterior película innovaba y sacaba poesía de lo macabro con "El retorno de los malditos" no nos ha dado nada que no hayan hecho antes otros cineastas en el cine de terror o gore.
El film tiene un argumento sencillo, un grupo de soldados que se acerca a un campamento científico ubicado donde sucedieron los hechos de la primera parte, allí encuentran destrucción y masacre.
Los mutantes no tardan en aparecer y diezmarles, guardando a las mujeres.
Las muertes son bastante creativas, pero lo personajes no tienen el suficiente carácter como para empatizar con ellos y sufrir con ellos.
Por otra parte pienso que el hecho novedoso de los raptos de las mujeres para perpetuar la "especie mutante" no esta del todo explotado cuando tenía mucho jugo.
Un film entretenido, pasable y bastante mejor que la mayoría de su género, pero que no ha cubierto las expectativas suscitadas.
Enoch
Mi Refugio (Le Refuge)
Valoración: 8/10
Le refuge
Nueve meses de ausencia
Aunque la crítica especializada se ha empeñado en bautizar al director de esta película una y otra vez con el sobrenombre del “Almodóvar francés”, lo cierto es que el cine de François Ozon no debe nada a nadie. Ciertamente, el realizador galo ha sabido evolucionar desde la sátira surrealista y la homosexualidad latente que impregnaban sus primeros trabajos (películas como Les amants criminels o Gotas de agua sobre piedras calientes) hasta un estilo mucho más reflexivo, sereno y asentado. En éste sentido Le refuge es una nueva chef-d'œuvre de un autor maduro al que desgraciadamente no se ha dado demasiada cobertura en nuestro país.
Éste film rodado a medio camino entre París y el País Vasco toma su nombre de una casa ubicada no lejos de la frontera, aunque el director usa el término con un doble sentido. En efecto, Ozon concibe su refugio como una especie de limbo personal, un lugar en el que uno se purifica, descubre y asume su sexualidad, la maternidad o hasta la muerte del ser querido. Después de estremecernos con una escena de yonkis e inyecciones en el cuello digna del mejor Danny Boyle, la historia abandona pronto los grises interiores de la capital y su sentida aristocracia para asentarse en la apacible costa del sur de Francia. Allí esconde Mousse su embarazo, fruto del novio al que acaba de perder a causa de una sobredosis de heroína a la que ella sobrevivió de milagro. La llegada de Paul -el hermano homosexual del fallecido- al refugio sacará a relucir muchos sentimientos e inquietudes compartidas.
La valía del director queda patente en todos esos pequeños detalles que desarrollan las relaciones entre los personajes de manera casi inconsciente, anticipando o dejando a la imaginación del espectador ciertos secretos pasados y acontecimientos futuros. Pero si algo hay que celebrar de Le refuge es un estudio de personajes magnífico, es decir, el modo en que los presenta, explora y hace evolucionar. El retrato de Mousse y Paul se aborda en todo momento con una sutilidad, naturalidad y sensibilidad excepcionales. La manera en la que el embarazo de la protagonista está tratado, con una extraña sensualidad más que sexualidad, es un claro ejemplo.
Para ello Ozon se vale de una fantástica fotografía, íntima y realista, y deja que los actores hagan el resto. Al igual que las olas que invaden la sala de cine con su sonido, el espectador siente a los personajes muy cerca. Isabelle Carré -que tuvo que ajustar su embarazo real a las exigencias y plazos del rodaje- brilla con fuerza a través de una mujer herida en la flor de una vida que continúa creciendo imparable en su interior. Algo por detrás queda Louis-Ronan Choisy, un cantante reconvertido en actor (atentos a la escena del piano) que firma aquí su primera aparición en un largometraje de manera más que notable. Les acompaña de manera casi anecdótica Pierre Louis-Calixte como el amante de Paul.
Solo una pega puede ponérsele a Le refuge y es que se trata de una radiografía tan obsesionada con el realismo de sus personajes que para muchos espectadores no habituados a éste tipo de propuestas resultará excesivamente fría por momentos. Ciertamente, esta es la típica película en apariencia sencilla pero profunda en sus reflexiones que va ganando puntos a medida que pasan los días desde su visionado, un buen ejemplo de un tipo de cine que en nuestro país difícilmente llegaría a buen puerto sin entrar en el terreno de lo burdo. En cualquier caso, el film de François Ozon es un hermoso retrato del amor más allá de la sexualidad y los convencionalismos, un drama mínimo e intimista cuya moraleja se intuye mucho antes de que acabe la película y Mousse huya en ese tren con destino a ningún sitio: Siempre podemos escondernos de los demás. De nosotros mismos, jamás.
Keichi
Le refuge
Nueve meses de ausencia
Aunque la crítica especializada se ha empeñado en bautizar al director de esta película una y otra vez con el sobrenombre del “Almodóvar francés”, lo cierto es que el cine de François Ozon no debe nada a nadie. Ciertamente, el realizador galo ha sabido evolucionar desde la sátira surrealista y la homosexualidad latente que impregnaban sus primeros trabajos (películas como Les amants criminels o Gotas de agua sobre piedras calientes) hasta un estilo mucho más reflexivo, sereno y asentado. En éste sentido Le refuge es una nueva chef-d'œuvre de un autor maduro al que desgraciadamente no se ha dado demasiada cobertura en nuestro país.
Éste film rodado a medio camino entre París y el País Vasco toma su nombre de una casa ubicada no lejos de la frontera, aunque el director usa el término con un doble sentido. En efecto, Ozon concibe su refugio como una especie de limbo personal, un lugar en el que uno se purifica, descubre y asume su sexualidad, la maternidad o hasta la muerte del ser querido. Después de estremecernos con una escena de yonkis e inyecciones en el cuello digna del mejor Danny Boyle, la historia abandona pronto los grises interiores de la capital y su sentida aristocracia para asentarse en la apacible costa del sur de Francia. Allí esconde Mousse su embarazo, fruto del novio al que acaba de perder a causa de una sobredosis de heroína a la que ella sobrevivió de milagro. La llegada de Paul -el hermano homosexual del fallecido- al refugio sacará a relucir muchos sentimientos e inquietudes compartidas.
La valía del director queda patente en todos esos pequeños detalles que desarrollan las relaciones entre los personajes de manera casi inconsciente, anticipando o dejando a la imaginación del espectador ciertos secretos pasados y acontecimientos futuros. Pero si algo hay que celebrar de Le refuge es un estudio de personajes magnífico, es decir, el modo en que los presenta, explora y hace evolucionar. El retrato de Mousse y Paul se aborda en todo momento con una sutilidad, naturalidad y sensibilidad excepcionales. La manera en la que el embarazo de la protagonista está tratado, con una extraña sensualidad más que sexualidad, es un claro ejemplo.
Para ello Ozon se vale de una fantástica fotografía, íntima y realista, y deja que los actores hagan el resto. Al igual que las olas que invaden la sala de cine con su sonido, el espectador siente a los personajes muy cerca. Isabelle Carré -que tuvo que ajustar su embarazo real a las exigencias y plazos del rodaje- brilla con fuerza a través de una mujer herida en la flor de una vida que continúa creciendo imparable en su interior. Algo por detrás queda Louis-Ronan Choisy, un cantante reconvertido en actor (atentos a la escena del piano) que firma aquí su primera aparición en un largometraje de manera más que notable. Les acompaña de manera casi anecdótica Pierre Louis-Calixte como el amante de Paul.
Solo una pega puede ponérsele a Le refuge y es que se trata de una radiografía tan obsesionada con el realismo de sus personajes que para muchos espectadores no habituados a éste tipo de propuestas resultará excesivamente fría por momentos. Ciertamente, esta es la típica película en apariencia sencilla pero profunda en sus reflexiones que va ganando puntos a medida que pasan los días desde su visionado, un buen ejemplo de un tipo de cine que en nuestro país difícilmente llegaría a buen puerto sin entrar en el terreno de lo burdo. En cualquier caso, el film de François Ozon es un hermoso retrato del amor más allá de la sexualidad y los convencionalismos, un drama mínimo e intimista cuya moraleja se intuye mucho antes de que acabe la película y Mousse huya en ese tren con destino a ningún sitio: Siempre podemos escondernos de los demás. De nosotros mismos, jamás.
Keichi
El Portal de la Muerte (The Marsh)
Valoración: 5/10
Esta sencilla película canadiense de Jordan Barker nos narra la vida de una escritora de cuentos góticos para niños que no para de tener visiones y pesadillas.
Para alejarse de ellas se marcha a un pueblo perdido, a alojarse en una casa que se parece sospechosamente a la que ve en sus pesadillas.
Una vez allí comenzarán los fenómenos extraños, los poltergeist varios... lo que la armará de valor para ponerse en contacto con Forest Whitaker, un parapsicólogo, para que la ayude a desentrañar todos los misterios.
Como he dicho es sencilla, modesta... pero es agradable para pasar un rato entretenido, comienza mejor de lo que acaba y tiene tramos muy predecibles, aunque los suple con ciertas sorpresas que llegan cuando el espectador piensa que está todo perdido. Aceptable.
Enoch
Esta sencilla película canadiense de Jordan Barker nos narra la vida de una escritora de cuentos góticos para niños que no para de tener visiones y pesadillas.
Para alejarse de ellas se marcha a un pueblo perdido, a alojarse en una casa que se parece sospechosamente a la que ve en sus pesadillas.
Una vez allí comenzarán los fenómenos extraños, los poltergeist varios... lo que la armará de valor para ponerse en contacto con Forest Whitaker, un parapsicólogo, para que la ayude a desentrañar todos los misterios.
Como he dicho es sencilla, modesta... pero es agradable para pasar un rato entretenido, comienza mejor de lo que acaba y tiene tramos muy predecibles, aunque los suple con ciertas sorpresas que llegan cuando el espectador piensa que está todo perdido. Aceptable.
Enoch
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